Por primera vez el Partido de la Justicia y el Desarrollo no disfrutará de la mayoría absoluta para gobernar en solitario. La formación nominalmente liderada por el primer ministro Ahmet Davutoğlu deberá pactar con otro partido para poder hacerse con el poder, todo ello pese a haber cosechado el 41% de los votos. El culpable de esta situación tiene nombres y apellidos: Partido Democrático de los Pueblos (HDP por sus siglas en turco).
Recep Tayyip Erdoğan no debe de estar satisfecho con los resultados de las elecciones. Su intención de llevar a Turquía hacia un régimen presidencialista para perpetuarse en el poder se ha encontrado con un importante escollo tras los comicios. Para poder cumplir su objetivo, el actual presidente aspiraba a que el AKP se hiciese con una mayoría suficiente para cambiar la constitución y el sistema parlamentario actual. Sin embargo, el gobierno no sólo no ha logrado hacerse con dicha mayoría sino que ha pasado del 49,8% de los votos en el 2011 al 40,81%, dejándose 69 diputados por el camino y perdiendo la mayoría absoluta. Ha sido la entrada en escena del HDP lo que ha cambiado el escenario político turco.
La victoria del AKP en las elecciones se daba por hecha. La cuestión estribaba en si el HDP lograría superar la barrera del 10% para entrar en el parlamento y de esta forma, debido al sistema electoral turco, alterar el reparto del poder en Ankara. Y así ha sido. Con el 99,93% escrutado, el HDP se ha hecho con más del 13% de los votos, arrasando en el este y sudeste del país, donde el AKP se ha desinflado significativamente, y haciéndose notar en grandes ciudades como Estambul. Pese a ser la cuarta fuerza política del país, con 80 diputados de los 550 que componen la Gran Asamblea Nacional, sin lugar a dudas ha sido el gran vencedor de los comicios.
El Partido Democrático de los Pueblos ha logrado aunar a segmentos de la sociedad marginados por el gobierno y Erdoğan. La formación, con sus raíces bien asentadas en el movimiento kurdo, se ha convertido en el punto de encuentro de diferentes colectivos no sólo kurdos sino también turcos; de izquierdistas, laicos, feministas, verdes, armenios, asirios y gitanos entre otros. Si hay un partido que ha capitalizado el descontento de las protestas de Gezi ha sido el HDP. En los mítines del carismático líder de la formación, Selahattin Demirtaş, se han podido ver banderas kurdas junto a turcas, efigies de Atatürk y de Öcalan, algo impensable hasta ahora.
Demirtaş es consciente del variopinto apoyo que ha recibido su partido, de ahí que el domingo por la noche declarase que «en estas elecciones han ganado kurdos y turcos, musulmanes, cristianos y judíos, los trabajadores y los parados», dando las gracias a aquellos que han «prestado» su voto al HDP. No va desencaminado Demirtaş ya que tradicionales votantes del CHP han usado la papeleta del HDP como un voto anti-AKP. Ahora habrá que ver si el HDP podrá mantener el equilibrio que le ha dado un resultado histórico en las elecciones.
Coalición a la vista
El AKP deberá pactar para poder formar gobierno. El partido del primer ministro Davutoğlu ha conseguido 258 diputados por 132 del Partido Republicano del Pueblo (CHP), 80 del Partido de Acción Nacionalista (MHP) y 80 del HDP, siendo 276 los diputados necesarios para hacerse con la mayoría absoluta. De ahí que solamente haya dos opciones: un gobierno de coalición o repetir las elecciones si en 45 días no se llega a acuerdo alguno.
Pese a que una gran coalición CHP-MHP-HDP dejaría fuera del gobierno al AKP, las importantes diferencias entre los ultranacionalistas del MHP y el HDP hacen que dicha opción parezca cuanto menos improbable. A priori, un acuerdo entre el AKP y el MHP parece ser lo más probable, aunque Devlet Bahçeli, líder del MHP, declaró el domingo por la noche que estamos ante el «principio del fin del AKP». Especular a estas alturas sobre posibles pactos de gobierno es, cuanto menos, temerario. Pero lo que está claro es que el HDP no brindará su apoyo a un Davutoğlu que podría tener las horas contadas al frente del AKP. «Como prometimos, no haremos una coalición con el AKP ni les apoyaremos desde fuera», declaró el domingo por la noche Demirtaş.
Sería una frivolidad dar por acabado a un animal político del calibre de Erdoğan. Pero lo cierto es que Turquía le ha dicho «hasta aquí», demostrando que existe una voluntad de cambio que tiene muy claro las líneas que no deben de cruzarse por el bien de la democracia. Una amiga simpatizante de los Verdes me dijo el viernes esperanzada «a ver si pasamos del 10% y el lunes empieza una nueva Turquía«. Aunque que dicha observación es demasiado optimista, lo cierto es que algo ha cambiado en el país eurasiático. Mientras oigo como los coches celebran con sus cláxones el resultado de las elecciones en el barrio estambulita de Beyoğlu, una brisa refresca la noche estival. Vientos de cambio soplan en Turquía.
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