Uzbekistán busca mejorar sus relaciones con Turquía

La ex república soviética de Asia Central parece querer acercarse de nuevo a Ankara, tras años de tensiones y con unas relaciones comerciales bilaterales muy por debajo de su potencial.

 

Tras unos años en los que las relaciones entre los dos países parecen haber pasado por momentos de distanciamiento e incluso de cierta tensión, la ex república soviética de Uzbekistán, en Asia Central, parece estar intentando acercarse nuevamente a su «hermana» turca.

Eso es al menos lo que parece deducirse de algunos gestos de acercamiento, como la carta personal que el presidente uzbeko Islam Karimov envió la semana pasada al primer ministro turco, Recep Tayyip Erdoğan, con motivo del inicio del mes del Ramadán, sagrado para los musulmanes. La carta le fue entregada personalmente a Erdoğan por el embajador de Uzbekistán en Ankara, Ulfat Kadirov, durante una cena oficial que el primer ministro turco ofreció a los diplomáticos extranjeros la semana pasada en Ankara.

Durante un discurso pronunciado durante la cena -organizada con motivo de la ruptura del ayuno o «iftar»- Kadirov afirmó que Uzbekistán siente un gran respeto por el primer ministro Erdoğan y que los uzbekos ven a Turquía como un país no sólo amigo sino además hermano; en su alocución, el embajador uzbeko destacó además los progresos hechos por Turquía en los últimos años tanto en economía como en el ámbito político y social, y auguró un próspero futuro para el país euroasiático al tiempo que destacó que Turquía se ha convertido en un modelo a seguir para muchos países de la región que aspiran a construir una democracia.

Desde la disgregación de la Unión Soviética a principios de los 90 y la independencia de las ex repúblicas soviéticas de Asia Central, Turquía y Uzbekistán han mantenido relaciones estrechas. Turquía fue el primer país que reconoció en 1991 la independencia de la antigua URSS de este país de 25 millones de habitantes y sin salida al mar, con una población y un idioma -el uzbeko- principalmente de origen túrquico.

Sin embargo en los últimos años estas relaciones se han tornado difíciles e incluso tensas, con acusaciones por parte del gobierno de Taskent a Ankara de amparar a grupos de la oposición negándose a la extradición de destacadas figuras opositoras uzbekas, o de fomentar las actividades religiosas de determinados grupos en Uzbekistán, acusaciones estas últimas que Turquía siempre ha negado categóricamente.

El gobierno uzbeko se ha mostrado también en numerosas ocasiones molesto con Turquía por su defensa de los derechos humanos en línea con las demandas de organizaciones internacionales o la Unión Europea. En respuesta, Uzbekistán ha presionado los intereses turcos en el país y especialmente a importantes empresas turcas, contra las que ha abierto procedimientos judiciales, o acusando a empresarios y ciudadanos turcos de apoyar «movimientos islamistas», unas acusaciones que en Turquía han sido tratadas como delirantes.

Temeroso de la influencia turca en Asia Central, el presidente Islam Karimov -que dirige con mano de hierro el país desde antes desde marzo de 1990, antes incluso de su independencia en septiembre de 1991- se ha mostrado hasta ahora reacio a integrarse en organizaciones como el Consejo Cooperativo de Países Turco Parlantes, del que forman parte además de Turquía ex repúblicas soviéticas de cultura túrquica como Kazajistán, Kirguistán, Turkmenistán o Azerbaiyán.

En cuanto a sus relaciones económicas, los datos más recientes señalan que el volumen de intercambios comerciales entre Turquía y Uzbekistán se incrementó un 65% entre 2009 y 2010 hasta superar los 900 millones de euros, pero tanto las relaciones comerciales como las inversiones permanecen muy por debajo de los niveles deseados. Las principales inversiones turcas en el país centroasiático se concentran en los sectores como el textil, alimentación, medicina, plásticos, construcción, y servicios hoteleros. Sólo en 2010 las inversiones totales de empresas turcas en Uzbekistán -unas 700 en total- superaron los 800 millones de euros, destacando especialmente en los sectores textil y de la construcción.