Turquía, Siria y Jordania han alcanzado un acuerdo para restaurar el histórico Ferrocarril del Hiyaz, un proyecto que supondrá un importante paso hacia la restauración de las comunicaciones entre los países de la región y para la preservación del patrimonio común heredado del Imperio Otomano, según confirmó esta semana un alto funcionario turco citado por medios de comunicación.
El acuerdo, de acuerdo a la información publicada en medios turcos, se habría concretado durante una reunión tripartita celebrada a principios de septiembre en Ammán (Jordania), tal y como declaró el ministro de Transporte e Infraestructura de Turquía Abdulkadir Uraloğlu. Los tres países habrían llegado así a un acuerdo preliminar sobre un borrador de Memorándum de Entendimiento, que establece un marco completo de colaboración en materia de infraestructuras de transporte, dijo Uraloğlu.
Como parte del acuerdo, Turquía se habría comprometido a completar 30 kilómetros de la superestructura ausente en el tramo del ferrocarril del Hiyaz que transcurre por Siria: “Se ha llegado a un acuerdo para completar los 30 kilómetros faltantes de la superestructura del Ferrocarril del Hiyaz con el apoyo de Turquía”, anunció el ministro Uraloğlu. Por su parte, Jordania está estudiando su capacidad técnica para apoyar las labores de mantenimiento, reparación y operación de locomotoras dentro de Siria.
Los tres países también planean realizar estudios técnicos conjuntos para mejorar el acceso de Turquía al mar Rojo a través del puerto jordano de Aqaba. Además, se prevé que el transporte por carretera entre Turquía y Jordania a través de Siria se reanude tras haber permanecido 13 años suspendido a causa de la guerra civil siria, que llegó a su fin en diciembre de 2014 con la caída de la dictadura de Bashar al-Assad, quien huyó al exilio a Rusia.
Un ferrocarril otomano entre Estambul y La Meca
Con 1.322 kilómetros de longitud, el Ferrocarril del Hiyaz se construyó entre 1900 y 1908 durante los años finales del Imperio Otomano, conectando Damasco con la ciudad santa de Medina, teniendo además un ramal hacia Haifa, en la costa mediterránea. Durante la Primera Guerra Mundial, el ferrocarril sería destruido por los rebeldes árabes apoyados por las fuerzas británicas al mando del famoso Lawrence de Arabia, fragmentándose en varias secciones y perdiendo su importancia estratégica.
Su construcción se inició en 1900 bajo el reinado del sultán otomano Abdulhamid II, con la idea original de que tuviera unos 1.750 kilómetros de longitud partiendo de la terminal de Haydarpaşa en Kadıköy (Estambul) para unir la capital imperial con las ciudades sagradas islámicas de La Meca y Medina, así como con Damasco y partes de Yemen. La construcción se interrumpió sin embargo con el estallido de la I Guerra Mundial, y para entonces la línea ferroviaria solo llegaba desde Damasco hasta Medina.
Pese a que fue ideado para facilitar la peregrinación a La Meca, el Ferrocarril del Hiyaz jugó un papel militar y administrativo clave al reforzar el control otomano sobre las lejanas provincias de Arabia. La obra incluyó destacadas hazañas de ingeniería a lo largo de su recorrido: viaductos de piedra, estaciones en pleno desierto y vías de ancho reducido adaptadas a terrenos difíciles. Gran parte del trazado fue desmontado o dañado durante la Gran Guerra y los conflictos posteriores, pero algunos tramos del ferrocarril aún permanecen en pie y han sido objeto de múltiples esfuerzos de restauración a lo largo de los años, constituyendo incluso hoy día una atracción turística en países como Arabia Saudí.
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Editado y revisado por:

Pablo Gómez es especialista en Turquía y editor jefe de Hispanatolia desde 2011. Desde 2006 se dedica al análisis de la actualidad y la geopolítica de Turquía y su región.
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