Tragedia en Afganistán: más de 2.000 muertos por un corrimiento de tierras

Las autoridades locales han pedido ayuda a la comunidad internacional para tratar de recuperar los miles de cuerpos desaparecidos bajo una montaña de escombros y lodo de 100 metros de espesor.

Las autoridades de Afganistán han abandonado las esperanzas de encontrar supervivientes tras el impresionante corrimiento de tierras en el extremo noreste del país que ha sepultado -según cifras provisionales- al menos a 2.100 víctimas y dejando sin hogar a otras 4.000 personas.

Un portavoz del gobernador de la provincia de Badajshán, fronteriza con Tayikistán, confirmó que «más de 2.100 personas de 300 familias están todas muertas», mientras se teme que el terreno inestable de la colina donde se produjo el corrimiento pueda volver a venirse abajo y sepultar a quienes tratan ahora de localizar los cuerpos así como a los supervivientes de la tragedia.

Fue tras las lluvias torrenciales que en las últimas semanas han dejado decenas de muertos y numerosos daños en todo el norte de Afganistán cuando parte de la montaña situada sobre la aldea de Abe Barik se vino abajo el viernes, sepultando bajo decenas de metros de rocas y lodo a gran parte de sus habitantes. Una segunda avalancha sepultó posteriormente a las personas que habían acudido a tratar de socorrer a las primeras víctimas.

Lo cierto por ahora es que la situación en la zona es dramática y las autoridades locales ya han pedido ayuda urgente tanto al gobierno central de Kabul como a la comunidad internacional, sobrepasadas por las dimensiones de la catástrofe. El propio gobernador de Badajshán ha reconocido que sólo disponen de equipamiento básico, y que a menos de que consigan maquinaria moderna no podrán recuperar los cuerpos.

Fuentes humanitarias declararon a la agencia de noticias Anatolia que unas 90 personas habían sido rescatadas con vida desde el viernes entre los restos, pero se desconoce la cifra real de desaparecidos bajo la avalancha, por lo que el número final de fallecidos podría aumentar considerablemente.

Responsables de Naciones Unidas en el país asiático anunciaban por otro lado que el lugar podría ser designado como una fosa común ante la imposibilidad de recuperar todos los cadáveres. Testigos y supervivientes describen lo ocurrido a primera hora de la tarde del viernes como un Día del Juicio Final, en el que en cuestión de segundos toda la aldea desapareció en un abrir y cerrar de ojos.

En declaraciones a la agencia Anatolia, el jefe del hospital central de la provincia afirmó tras visitar la zona que la aldea afectada se encontraba bajo una capa de escombros y barro de unos cien metros de altura. «No tenemos problema para proporcionar asistencia médica a los supervivientes, pero el gran desafío es sacar los cadáveres del montón gigante de escombros», explicó el doctor Noor Mohammad Khawari.

Khawari añadió que unas setecientas familias habían sido trasladadas a zonas más seguras ante el temor a nuevos corrimientos de tierra, mientras se estaban distribuyendo tiendas y alimentos a los supervivientes. Los planes pasan por reubicarlos en una nueva población que deberá construirse a salvo de los aludes de tierra, un fenómeno relativamente frecuente en esta región de Afganistán.