Tensas protestas en Afganistán por la quema de ejemplares del Corán

Más de una veintena de manifestantes murieron el viernes en el país por la ola de protestas e indignación contra las tropas de la OTAN, que amenaza con extenderse a otros países vecinos.

Al menos una veintena de personas fallecieron el viernes en Afganistán en el día más sangriento de la ola de protestas y manifestaciones que han sacudido esta semana el país, después de que varios ejemplares del Corán fueran quemados en una base de la OTAN provocando la indignación de la población y llevando a las tropas de la ISAF a declarar el estado de máxima alerta.

Con cánticos de «Muerte a Estados Unidos» y «Larga vida al Islam», cientos de afganos marcharon el viernes -día sagrado para los musulmanes y jornada festiva en Afganistán- en la capital afgana, Kabul, hacia el palacio del presidente Hamid Karzai. En otra protesta en la misma ciudad otro grupo de manifestantes apareció portando la bandera blanca de los talibanes.

Las protestas dejaron en Kabul varios enfrentamientos con la policía y al menos dos manifestantes muertos por disparos. Otras dos personas más murieron en la provincia oriental de Khost y al menos otro manifestante falleció en la provincia septentrional de Baghlan, según datos oficiales. En la provincia occidental de Herat siete personas murieron durante las protestas, en las que un grupo de al menos medio centenar de manifestantes atacaron el consulado estadounidense en la capital provincial.

Las protestas del viernes dejan claro que la quema de los ejemplares del Corán el lunes en la base aérea de la OTAN en Bagram, a pocos kilómetros al norte de Kabul, ha desatado las iras de la población y aumentado el descontento de muchos afganos contra la presencia en su país de las tropas internacionales de la ISAF, cuya retirada está prevista en 2014 sin que quede claro si el débil gobierno central afgano será capaz de mantener el control por sí solo de esta empobrecida e inestable nación asiática, fronteriza con Irán y Pakistán.

El presidente estadounidense Barack Obama envió una carta de disculpas a su homólogo afgano Hamid Karzai explicando que la quema de ejemplares del Corán no había sido intencionada. Varios trabajadores afganos encontraron restos carbonizados de este libro sagrado para los musulmanes mientras recogían la basura de la base. Karzai sin embargo pidió que los responsables de la acción fueran llevados ante la justicia, lo que parece bastante improbable.

En total sólo el viernes una veintena o más de manifestantes fallecieron en las protestas por todo Afganistán, mientras la embajada estadounidense advirtió a todos sus ciudadanos en Afganistán que extremasen su seguridad y procurasen limitar sus movimientos y salidas al exterior, incluso en las provincias relativamente pacíficas del norte.

Los talibanes han aprovechado para hacer un llamamiento a los soldados afganos para que ataquen a «los invasores extranjeros infieles» y han pedido a la población que maten a cualquier soldado de la OTAN. Precisamente en un hecho relacionado un soldado afgano mataba el jueves de varios disparos a dos militares estadounidenses en la provincia de Nangarhar.

Alemania, país que tiene la tercer mayor presencia entre las fuerzas de la ISAF lideradas por la OTAN, se retiró precisamente esta semana de una base en la provincia norteña de Takhar semanas antes de lo previsto ante los temores sobre la seguridad, según confirmó un portavoz del ministerio de defensa de ese país, especialmente después de que cientos de personas enfurecidas intentaran tomar al asalto hace unos días una base militar noruega. Las manifestaciones contra la quema de los ejemplares del Corán se han extendido también a otros países musulmanes vecinos, como Irak, Malasia, Bangladesh o Pakistán.

Turquía también mostró el viernes en un comunicado emitido por su ministerio de exteriores su «firme condena» por el suceso, añadiendo que había manifestado su profundo malestar por lo ocurrido a los máximos responsables de la Alianza Atlántica. La nota añadía que la noticia había causado una «gran indignación» en Turquía, que la semana pasada celebraba sus 60 años de pertenencia a la OTAN.