El régimen de Pyongyang llevó a cabo el martes su test atómico más potente hasta la fecha en respuesta a la «hostilidad» de Estados Unidos, amenazando con medidas más severas en caso de nuevas sanciones.
El régimen norcoreano llevó a cabo el martes su test atómico más potente hasta la fecha en respuesta a lo que calificó como «hostilidad» por parte de Estados Unidos, desatando una ola de condenas incluso por parte de su principal aliado y vecino, China.
Pyongyang afirmó haber efectuado la nueva prueba nuclear con éxito mediante un dispositivo «miniaturizado» detonado bajo tierra y cuya explosión fue detectada por los sismógrafos, afirmando que había logrado «una fuerza explosiva mayor» que los tests anteriores realizados en 2006 y 2009. Sus referencias a una mayor miniaturización del dispositivo nuclear y al uso nuevamente de plutonio como material de fisión sugieren que podría estar más cerca de alcanzar la tecnología necesaria para colocar una carga atómica sobre un misil balístico.
El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas reaccionó de inmediato convocado una reunión de urgencia tras la prueba, que el secretario general de la organización, Ban Ki-Moon, condenó como una provocación «profundamente desestabilizadora» y un nuevo desafío del régimen totalitario comunista contra las resoluciones de la ONU y la comunidad internacional. El Consejo se reunió en Nueva York a puerta cerrada desde primera hora de la mañana, después de que el pasado enero aprobase una resolución advirtiendo de medidas serias contra el gobierno de Pyongyang si éste insistía en realizar una nueva prueba nuclear o balística.
Las reacciones en contra llegaron incluso desde el que ha sido tradicionalmente el único aliado del régimen, China, que en un comunicado de su ministerio de exteriores mostró su «firme oposición» al test atómico del martes. «La República Democrática Popular de Corea, haciendo caso omiso de la amplia oposición internacional, ha llevado a cabo de nuevo una prueba nuclear, a la que el gobierno chino expresa su firma oposición», decía la nota oficial, en la que Pekín insistía además en su posición a favor de la desnuclearización de la Península de Corea.
Desde Irán también llegaron reacciones el martes a la prueba norcoreana, lo que el régimen de Teherán aprovechó para pedir la destrucción de todas las armas nucleares y de destrucción masiva. «Necesitamos llegar a un punto en el que ningún país tenga ninguna arma nuclear, y al mismo tiempo todas las armas de destrucción masiva y atómicas necesitan ser destruidas», declaró un portavoz del ministerio de exteriores iraní, Ramin Mehmanparast, quien añadió no obstante que todos los países tienen derecho a utilizar la energía nuclear con fines pacíficos.
Por parte de Corea del Norte la respuesta llegó sin embargo en forma de nuevo desafío, advirtiendo tras el éxito de su última prueba que ésta era sólo un «primer paso» y amenazando con acciones más severas si la comunidad internacional decidía imponer nuevas sanciones contra el régimen.
«La última prueba nuclear ha sido sólo la primera acción, que hemos llevado a cabo ejerciendo la máxima limitación posible… Si Estados Unidos sigue complicando más la situación con continuas hostilidades, no nos quedará más opción que tomar una segunda o tercera serie de acciones incluso más fuertes», informó el ministerio de exteriores norcoreano en un comunicado difundido por la televisión estatal.
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Pablo Gómez es especialista en Turquía y editor jefe de Hispanatolia desde 2011. Desde 2006 se dedica al análisis de la actualidad y la geopolítica de Turquía y su región.
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