Netanyahu, inscripción hebrea

¿Qué hay tras las afirmaciones de Netanyahu sobre Jerusalén y la Inscripción de Siloé?

El primer ministro israelí Benjamin Netanyahu ha renovado en los últimos días sus reclamaciones sobre la llamada Inscripción de Siloé (Siloam), un texto grabado en piedra de unos 2.700 años de antigüedad que los sectores sionistas en Israel consideran una prueba y una justificación para las reclamaciones territoriales del actual Estado de Israel sobre Jerusalén y otros territorios; sin embargo, los principales historiadores y expertos jurídicos en Turquía no solo rechazan cualquier reclamación legal sobre este objeto -actualmente exhibido en el Museo Arqueológico de Estambul- sino que subrayan que no ofrece ningún fundamento histórico o jurídico para reclamar Jerusalén.

Tallada en hebreo antiguo, la inscripción fue descubierta en 1880, cuando el territorio de Palestina formaba parte del Imperio Otomano, en un túnel de agua en Jerusalén construido durante el reinado del rey Ezequías (Hezekiah). Poco después fue enviada al Museo Imperial de Estambul -hoy día el Museo Arqueológico de Estambul– donde permanece desde 1883. Actualmente en Jerusalén se exhibe únicamente una réplica.

Durante el discurso que pronunció el 15 de septiembre durante un acto en Jerusalén y en presencia del secretario de Estado Marco Rubio, Netanyahu aseguró que había pedido personalmente la inscripción al entonces primer ministro turco Mesut Yılmaz durante una visita que él mismo realizó a Turquía en 1998, llegando a ofrecerle incluso intercambiarla por todas las reliquias otomanas conservadas en los museos de Israel. Yılmaz rechazó entonces la petición, pese a lo cual durante años varios dirigentes israelíes han hecho peticiones similares que han sido igualmente rechazadas por Ankara.

La inscripción, que Turquía se niega a entregar a pesar de estas insistentes demandas, se presenta por parte de las autoridades israelíes como si tuviera una conexión con la historia de Israel, y la consideran una “prueba de que las raíces históricas, culturales y religiosas de los judíos en Jerusalén se remontan a miles de años”, y por tanto respaldaría la “legitimidad histórica del Estado judío moderno”, a juicio de los sectores nacionalistas/sionistas, según informa la cadena turca NTV.

La búsqueda de la legitimidad del Estado de Israel

Estas reclamaciones históricas cobran mayor controversia si se tiene en cuenta que, si el actual Estado de Israel trata de basar su legitimidad en sus orígenes históricos por medio de objetos como la Inscripción de Siloé, existen pruebas históricas aún más contundentes que justificarían la presencia del pueblo palestino desde hace miles de años en la región. 

Mientras recorría los túneles cercanos a la Explanada de las Mezquitas con Rubio el pasado 15 de septiembre, Netanyahu sacó a relucir de nuevo el tema de la Inscripción de Siloé, una copia de la cual se exhibe también en una pared del túnel. De esta forma, Netanyahu buscaba impresionar al Secretario de Estado de EE.UU., quien es conocido por su interés en cuestiones religiosas y sus habituales referencias a la Biblia, quizás tratando de que apoyara sus reclamaciones ante Turquía.

En su discurso y ante Rubio, Netanyahu declaró que en 1998 había solicitado a Turquía la devolución de la Inscripción de Siloé, hallada en Jerusalén y trasladada a Estambul en tiempos otomanos, afirmando sin embargo que su petición fue rechazada debido a las presiones del entonces alcalde metropolitano de Estambul, el actual presidente turco Recep Tayyip Erdoğan, y de sus partidarios. Según la versión ofrecida por Netanyahu, en su conversación con el ex primer ministro Mesut Yılmaz este le respondió: «Hay una creciente base islamista liderada por alguien que es el alcalde de Estambul. Usted conoce su nombre. Este segmento de la opinión pública turca reaccionará si entregamos a Israel una tablilla que demuestra que Jerusalén fue una ciudad judía hace 2.700 años

El hecho, sin embargo, es que la Inscripción de Siloé no es por sí misma un objeto histórico que pueda legitimar por sí solo la existencia actual del Estado de Israel. El texto, que solo es legible parcialmente, detalla la construcción del túnel que llevaba el agua desde la Piscina de Siloé hasta la Ciudad de David, bajo el extremo sur del llamado Monte del Templo, haciéndose eco del relato bíblico sobre la construcción del túnel durante el reinado del rey Ezequías. El Museo Arqueológico de Estambul acoge también otros dos importantes objetos históricos de la región: el calendario agrícola de Gezer, descubierto en 1908 y datado en el siglo X a.C., y la inscripción de la Advertencia del Templo, descubierta en 1871 y de unos 2.000 años de antigüedad. Pero puesto que cuando fueron descubiertos el Estado de Israel ni siquiera existía y el territorio se encontraba administrado por el Imperio Otomano, legalmente se consideran propiedad de la República de Turquía, sucesora del Estado otomano.

El historiador y académico turco Erhan Afyoncu es uno de los expertos que ha planteado dudas sobre la propia datación de la Inscripción de Siloé: “Aunque el texto se asocia con el acueducto construido contra la amenaza de un asedio asirio, descrito durante el reinado del rey Ezequías en el Antiguo Testamento, también hay diferentes opiniones sobre su fecha”, escribió Afyoncu en redes sociales. El rey Ezequías, una figura histórica que ha obsesionado a Netanyahu durante muchos años, fue quien -según la Biblia- temiendo que los asirios rodearan la ciudad, construyó un canal que desviaba agua a la Piscina de Siloé para resistir un asedio.

Netanyahu y la búsqueda de sus orígenes bíblicos

El 22 de septiembre de 2018, el periódico The Times of Israel recogía unas declaraciones de Netanyahu sobre la Inscripción de Siloé en las que decía: “¿Existe una prueba mejor y más definitiva grabada en piedra del antiguo vínculo entre el pueblo judío y Jerusalén, la Ciudad de David y el Monte del Templo? Por supuesto que no”. 

Según el periódico israelí, una tablilla de arcilla de 2.600 años de antigüedad en la que aparece el nombre de Benayahu ben Netanyahu iba a ser entregada a la Oficina del Primer Ministro de Israel en 2019; esta tablilla, datada en el año 511 a.C., habría sido grabada durante el exilio babilónico que siguió a la destrucción del Primer Templo mencionado en la Biblia, y Netanyahu planeaba mostrar esta tablilla a sus invitados más distinguidos para impresionarlos y demostrarles así la larga historia del pueblo judío en la región y su posterior exilio de Israel

Netanyahu habría mantenido también una reunión con expertos del Museo de Tierras de la Biblia de Jerusalén en la que estos sorprendieron al primer ministro israelí mostrándole una antigua inscripción en la que aparecía el nombre de “Netanyahu”. No obstante, este intento del político israelí por buscar sus orígenes en la historia milenaria narrada por el Antiguo Testamento y presentarse como un descendiente del “Netanyahu” que aparece en esa tablilla parece más bien burdo, ya que es sabido que el padre del actual primer ministro israelí cambió su apellido original -Benzion Mileikowsky- cuando emigró a Israel desde Polonia. En otras palabras, la elección del apellido Netanyahu fue hecha deliberadamente para asociar a la familia con la época del rey Ezequías, y no es fruto de una descendencia auténtica.

Netanyahu atesora de hecho una colección de antigüedades que no duda en mostrar a quienes le visitan siempre que tiene ocasión. Informaciones publicadas por The Times of Israel afirman que “La banda de rock estadounidense Aerosmith visitó al primer ministro en 2018 después de un concierto, y el primer ministro les mostró el anillo de sello de un funcionario llamado Netanyahu ben Joash, que había trabajado para el rey bíblico Ezequías”. De esta manera, Netanyahu intentaría persistentemente legitimarse él mismo buscando la vinculación con una figura histórica, a pesar de que la elección de su apellido no fue ni mucho menos casual.

“Un intento de construir la historia de Israel”

Los expertos turcos sostienen por otro lado que la denominada Inscripción de Siloé no puede utilizarse para apoyar las reivindicaciones políticas o territoriales del actual Estado de Israel. En declaraciones al diario Hürriyet, el prestigioso historiador turco İlber Ortaylı subrayó que tales artefactos no pueden tampoco reclamarse en base a reivindicaciones políticas: «Ningún país entrega tales inscripciones. ¿Qué fundamento jurídico podría tener esto? Si se aplicara esa lógica, los romanos podrían reclamar tierras que gobernaron hace dos mil años«, insistió.

El historiador especialista en religión İsmail Taşpınar también cuestionó la validez de la afirmación de Netanyahu sobre la famosa inscripción custodiada en Estambul: “Los hallazgos arqueológicos se han vinculado durante mucho tiempo a las escrituras como parte de un intento de construir la historia de Israel”, recordó Taşpınar, quien también confirmó que la datación y la finalidad de la Inscripción de Siloé siguen siendo objeto de debate entre los especialistas, y por tanto no puede tratarse como si fuera una prueba concluyente de nada. “La existencia de una civilización en un lugar durante un determinado periodo no lo convierte en suyo para siempre, según el derecho internacional”, concluyó por su parte el catedrático turco de Derecho Internacional Enver Bozkurt.