Las manifestaciones de seguidores del PKK que han tenido lugar durante varios días en la región sureste de Turquía han vuelto a poner de manifiesto la estrategia de la organización terrorista, consistente en incrementar la tensión y movilizar a sus seguidores para celebrar protestas cada vez que Turquía da pasos en la buena dirección para conseguir una solución democrática y pacífica al llamado «problema kurdo».
Precisamente la manifestación que tuvo lugar el pasado 20 de octubre coincidía con el primer día del juicio contra la red golpista conocida como «Ergenekon» en Estambul, que ahora comienza a sospecharse podría tener diversos vínculos con el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK). Por otro lado, el anuncio realizado dias antes -el 10 de octubre- por el presidente turco, Abdullah Gül, de que el gobierno turco estaba manteniendo conversaciones con los líderes de la administración autónoma kurda del norte de Irak, fue seguido casi de inmediato por las acusaciones de los abogados del líder histórico del PKK, Abdullah Öcalan, que anunciaban el 16 de octubre que Öcalan -que cumple cadena perpétua en la isla prisión de İmralı- estaba siendo sometido a malos tratos en prisión, en lo que constituía la enésima acusación contra el gobierno turco acerca de las condiciones de vida en prisión del líder del PKK.
A todo esto hay que añadir el hecho de que Turquía está adoptando nuevas medidas de seguridad contra el terrorismo kurdo para acabar con el sangriento conflicto en el sureste, que ha causado en 25 años cerca de 40.000 víctimas. El gobierno del AKP, que al contrario que los partidos de la oposición en Turquía es partidario de la postura que defiende que el problema no puede ser resuelto únicamente a través de la vía militar, ha anunciado numerosas medidas en el ámbito social, cultural y económico que van dirigidas específicamente a la región sureste de Anatolia -la que históricamente concentra una mayoría de población kurda en Turquía- y que pretenden sacar del aislamiento económico y social a las provincias del sureste, incapaces de atraer inversiones a causa de los continuos ataques del PKK.
Ante el desarrollo que van tomando los acontecimientos, el PKK ve cómo su influencia -y su número de seguidores- va disminuyendo en la región a medida que los kurdos comienzan a darse cuenta de que el terrorismo no forma parte de la solución, sino del problema a su aislamiento y a las crecientes diferencias económicas respecto al resto de Turquía. Y es por eso que el PKK está tratando de contrarrestar cada movimiento en pos de una solución al conflicto utilizando sus recursos habituales a la violencia y la victimización. A este último respecto, el recurso al estado de salud o al tratamiento que recibe Öcalan en la prisión de máxima seguridad turca donde se encuentra recluido desde 1999 no es nueva.
Ya a principios de 2007 sus abogados aseguraron que el líder del PKK estaba siendo envenenado con metales pesados y que un análisis de sus cabellos lo demostraba; el gobierno turco tuvo que hacer públicas entonces las estrictas condiciones de encarcelamiento de Öcalan -que impedían de hecho que sus abogados pudieran tener nada suyo- y realizar análisis médicos para probar que, una vez más, las acusaciones de los abogados de Öcalan no eran más que un intento de acaparar la atención sin fundamento alguno. Poco tiempo después, a a principios de 2008, un informe médico independiente encargado por la Comisión Antitortura del Consejo de Europa -poco sospechosa de connivencia con el gobierno turco- confirmó las tesis de Ankara: las afirmaciones de los abogados de Öcalan eran falsas, y no había ninguna prueba de que el preso hubiese sido envenenado. Pero aun así, cada vez que Turquía da un paso hacia la resolución de la cuestión kurda…… una historia falsa sobre Öcalan surge.
Analistas y políticos del gobierno del AKP coinciden en que, además de fomentar las inversiones en el sureste de Anatolia y conceder más derechos culturales a los kurdos, la solución al terrorismo kurdo pasa por fomentar la cooperación y el diálogo con la administración autónoma kurda del norte de Irak, en cuyas fronteras con Turquía se encuentran los principales refugios para los militantes del PKK. Durante una reunión mantenida el 23 de febrero de 2007 por el Consejo de Seguridad Nacional (MGK, en sus siglas en turco) -que reune a gobierno y fuerzas armadas- se acordó iniciar el diálogo con el líder del gobierno kurdo iraquí, Massoud Barzani. El gobierno turco pretendía fomentar la cooperación económica y las inversiones en el norte de Irak a cambio del apoyo del gobierno de Barzani a la lucha contra la presencia de la organización terrorista en su territorio. Pero el PKK no vió con buenos ojos la posibilidad de que Turquía y el gobierno kurdo de Irak pudieran mantener buenas relaciones y un diálogo fructífero.
El 1 de marzo de de 2007 -tan sólo una semana después del anuncio del MGK-, los abogados de Abdullah Öcalan aseguraban que el gobierno turco estaba envenenándolo lentamente: hubo entonces de nuevo grandes manifestaciones en el este y sureste de Turquía, y la tensión que buscaba el PKK sustituía al clima de diálogo y cooperación que se había iniciado tan sólo una semana antes. A la tensión le siguió un incremento de los ataques del PKK, lo que obligó a las Fuerzas Armadas Turcas (TSK, en turco) a llevar a cabo la conocida incursión terrestre de una semana de duración en las regiones montañosas del norte de Irak (a principios de 2008), y a incrementar los ataques aéreos… El gobierno kurdo iraquí mostraba su descontento por la violación de su territorio y su espacio aéreo, volviendo de nuevo la tensión a la región mientras el PKK lanzaba acusaciones de que Turquía estaba destruyendo aldeas kurdas en vez de acabar con sus bases… En estas condiciones, el diálogo -y cualquier otra solución basada en la cooperación- con la administración regional kurda se volvía casi imposible… El conflicto entre kurdos y turcos, se recrudecía; y el PKK conseguía, una vez más, lo que se proponía.
En otras declaraciones realizadas por Öcalan el 19 de junio de 2008 a través de sus abogados -unos meses después de la incursión terrestre turca de febrero en el norte de Irak-, y dirigidas a los seguidores del PKK, el líder del grupo armado acusaba a los líderes kurdos del norte de Irak -los mismos con los que se realizaba fotografías amistosamente años atrás- de haberle traicionado y de estar detrás de su captura en 1999. Poco tiempo después, el 4 de julio, de nuevo los abogados de Öcalan volvían a la «carga» denunciando en esta ocasión que se le había rapado la cabeza al líder encarcelado del PKK sin su consentimiento… De nuevo tensiones en el sureste, protestas y manifestaciones de seguidores del PKK en varias ciudades de la región, y comunicados de la organización terrorista realizando amenazas contra el Estado y la paz social en Turquía… El ministro de justicia turco Ali Şahin tuvo que salir en defensa del gobierno desmintiendo una vez más las acusaciones de los abogados del líder del PKK, y asegurando que había sido el propio Öcalan quien había pedido que se le rapase la cabeza…… Casualmente, menos de una semana después de estos acontecimientos -el 10 de julio- el primer ministro turco Recep Tayyip Erdoğan visitaba Irak para tratar entre otras cuestiones la cooperación en materia de terrorismo, en lo que constituía la primera visita de un ministro turco a Irak en varias décadas, y un impulso definitivo a las relaciones bilaterales entre Turquía y su vecino Irak.
Ahora, una vez más, el PKK reacciona a través de los abogados de Abdullah Öcalan a los crecientes contactos entre la administración regional kurda del norte de Irak y el gobierno de Ankara. De los múltiples contactos y encuentros bilaterales mantenidos en los últimos meses en uno u otro país, destaca la visita de una delegación oficial turca a Bagdad el pasado 14 de octubre, donde tuvo lugar un encuentro que pretendía fomentar los lazos y la cooperación con la administración autónoma kurda de Irak -y también con Bagdad-, pero donde el tema principal -el terrorismo del PKK- se abordó durante una reunión de dos horas de duración con el líder kurdo del norte de Irak, Massoud Barzani. Tras el encuentro, ambas partes coincidieron en la necesidad de evitar que el PKK utilizase el norte de Irak como refugio para sus actividades y la delegación turca exigió una serie de medidas al gobierno de Barzani, entre las que se incluían mayor control en la llegada de miembros del PKK a la región, bloqueo al apoyo logístico a la organización, y una colaboración mucho más intensa en materia de lucha anti-terrorista que incluía el intercambio de información de inteligencia y operaciones conjuntas contra el PKK. Analistas y expertos coincidieron en señalar que las medidas acordadas contribuirían significativamente a reducir la libertad de actuación de la que venía gozando el PKK en la zona, y pondría en serios apuros a la organización, ya constreñida por la presión militar turca, las dificultades para reclutar nuevos miembros y la lucha interna por el liderazgo político e ideológico.
El inicio del juicio contra la red golpista conocida como «Ergenekon», en cuyo sumario aparecen numerosos vínculos entre este grupo y el PKK, o la proximidad de las elecciones locales de marzo de 2009, donde el DTP -brazo político del PKK- teme perder su hegemonía en su tradicional feudo del sureste de Anatolia frente al avance del AKP (que ya superó con creces en votos al DTP en la zona durante las últimas elecciones, las generales de julio de 2007), son sólo algunos ingredientes más que añadir a las motivaciones que están detrás de este nuevo intento del PKK por crear tensión en la región -a través de los abogados de Öcalan- y evitar una solución que no pase por la violencia y el enfrentamiento entre kurdos y turcos… es decir, que no pase por el PKK.
A todo ello se suman las revelaciones hechas hace pocos días por el hermano de Abdullah Öcalan, Osman Öcalan, quien confirmaba la crisis de motivación y liderazgo en el seno de la organización armada y daba a conocer que el PKK estaba «eliminando» a todo militante que cuestionaba la lucha armada y los métodos de la organización terrorista (el propio Osman, que abandonó la organización en 2004, ha escapado a dos atentados). Poco antes, el ex-presidente del partido kurdo HAK-PAR, Abdülmelik Fırat, en una entrevista con el diario turco Sabah, vinculaba al PKK y Abdullah Öcalan con organizaciones golpistas pseudo-mafiosas como Ergenekon y con el llamado «Estado profundo» en Turquía (del que Ergenekon sería sólo un apéndice), y confirmaba que era el propio PKK quien llevaba años acabando con aquellos que disentían de su discurso: no sólo entre sus propias filas, sino también entre la sociedad kurda y los intelectuales kurdos. «El PKK desperdicia la vida de los niños kurdos llevándoselos a las montañas para que luchen. No tienen en mente ningún intento de encontrar una solución al problema kurdo. Tanto el PKK como el JİTEM (una organización clandestina de la gendarmería turca) han asesinado a intelectuales kurdos. El PKK no quiere que la gente se niege a someterse a la organización», fueron algunas de las declaraciones más destacadas de Fırat.
Ante todos estos acontecimientos, y echando la vista atrás, no deben sorprendernos por tanto ni las -enésimas- acusaciones de los abogados de Öcalan ni las protestas ocurridas estos días en varias ciudades de Turquía por parte de seguidores del PKK. No son hechos nuevos y, sobre todo, no responden a ninguna casualidad. Öcalan se desespera en su celda viendo como el PKK se le escapa de las manos, mientras piensa qué ha posido pasar para que pasase de ser una marioneta de la extrema derecha y el «Estado profundo» turco, a serlo de su propia organización. Ésta, a su vez, ve cómo comienza a deshilarse el entramado de violencia y clientelismos que tejió durante décadas a su antojo en la región, y cómo su discurso de la confrontación y su base social -y con ello, su razón de ser- se descomponen. No nos confundamos: el PKK no es una respuesta a los años de la «guerra sucia», el militarismo y la represión en Turquía durante los años 80 y 90… es un producto de esa misma época. Otro más. De todo ello se entiende que lo último que quiera el PKK es que las cosas cambien o mejoren en Turquía… y muy especialmente para los kurdos de Turquía.
El terrorismo kurdo no desaparecerá por la vía militar… lo hará cuando todos los kurdos de Turquía dejen de creer definitivamente en él como solución a sus problemas… Y el PKK ve como cada vez ese día se acerca más.
Ojalá que lleguemos a verlo… pronto.
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Como gran aficionado a la historia que es, a Pablo Gómez le cautivó Turquía desde el primer día que la visitó en 2006: allí se casó, allí tiene una casa, y desde entonces se ha convertido en todo un experto en la actualidad de Turquía. Con una larga experiencia en medios de comunicación, está al frente de Hispanatolia desde 2011.




