Miles de personas se manifiestan en Atenas contra los planes de austeridad

La policía griega empleó gases lacrimógenos y material antidisturbios para dispersar a decenas de miles manifestantes que se concentraron el miércoles frente al parlamento.

La policía griega empleó gases lacrimógenos y material antidisturbios para dispersar a decenas de miles manifestantes que se concentraron el miércoles frente al parlamento, que debate nuevas y duras medidas de ajuste para que el país pueda acceder a las ayudas que necesita del FMI y la UE.

Miles y miles de personas marcharon por las calles de la capital griega hasta la sede parlamentaria en medio de una nueva huelga general en protesta por los nuevos planes de austeridad que el gobierno socialista del primer ministro Papandreu pretende aprobar para hacer frente a la gravísima crisis financiera que afronta el país. Un dispositivo de al menos 1.500 policías fue desplegado en el centro de Atenas, cerrando la zona al acceso público y colocando barricadas de metal de dos metros de altura para proteger el edificio del parlamento.

Los manifestantes se concentraron en la Plaza Syntagma de Atenas, situada frente al parlamento, en un intento de impedir que los diputados aprobaran las nuevas medidas de austeridad. «¡Ladrones, traidores!» o «¿Dónde ha ido nuestro dinero?» fueron algunas de las consignas que se gritaron, mientras arrojaban piedras e incluso yogures a las fuerzas de seguridad que custodiaban la sede parlamentaria.

El primer ministro Papandreu pretende aprobar un plan quinquenal de aumento de impuestos, recortes de gastos y venta de bienes públicos para poder aspirar a recibir nuevas ayudas de la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional, o de lo contrario el país afronta claramente una situación de impago de su deuda y una quiebra de su sistema financiero, mientras el desempleo ha alcanzado la cifra récord del 16´2%.

Los países de la zona Euro no lograron el martes llegar a un acuerdo sobre cómo abordar un nuevo plan de rescate para Grecia, una medida a la que se muestra muy reticente entre otros el propio Banco Central Europeo, que teme que la crisis griega acabe arrastrando al resto de economías debilitadas de la UE, como Irlanda, Portugal o España.