Miles de iraquíes protestan contra el gobierno de Nuri al-Maliki

Crece la tensión sectaria en el país tras varias semanas de protestas de la minoría sunní contra el gobierno del primer ministro Nuri al-Maliki, de confesión chií.

Decenas de miles de iraquíes de confesión sunní salieron el viernes a las calles de Bagdad y de otras ciudades del país tras las oración del viernes para continuar con las protestas que se mantienen desde hace semanas contra el gobierno del primer ministro Nuri al-Maliki, perteneciente a la corriente chií del Islam, mayoritaria en Irak.

Enarbolando banderas iraquíes pertenecientes al difunto régimen de Saddam Hussein y gritando consignas contra el gobierno, los manifestantes se reunieron exigiendo no convertirse en «ciudadanos de segunda clase» frente a la mayor mezquita de la capital, la de Umm al-Qura, construida por el ex dictador iraquí, bajo cuyo mandato la minoría sunní de Irak acaparaba buena parte de los puestos clave del gobierno.

Tres semanas de protestas han sacado a la luz el profundo descontento entre la minoría sunní de Irak, que considera que el gobierno encabezado por Al-Maliki ha marginado a su comunidad. Las crecientes divisiones entre chiíes y sunníes en Irak, que amenazan con abocar al país a un conflicto sectario, se agravaron esta semana después de que los ministros sunníes y kurdos del gobierno boicotearan una reunión del ejecutivo en señal de apoyo a las protestas, mientras miles de chiíes se manifestaban en el sur del país -donde son mayoría- para respaldar a Al-Maliki.

Las primeras protestas se iniciaron a principios de diciembre tras el arresto de los guardaespaldas del ministro de finanzas Rafaie al-Esawi, perteneciente a la minoría sunní, acusados de cargos de terrorismo. Precisamente el vice presidente iraquí Tariq al-Hashemi, también sunní y uno de los principales rivales políticos de Al-Maliki, vive en el exilio desde hace un año acusado de cargos similares. Muchos sunníes creen que este tipo de denuncias y arrestos son un intento del gobierno de Al-Maliki de acaparar el poder y amedrentar a la minoría sunní.

Los kurdos, que rigen una administración autónoma al norte del país, han visto con creciente recelo las políticas centralizadoras del gobierno de Bagdad y han buscado apoyos no sólo en la minoría sunní sino también en la vecina Turquía, que acusa igualmente a Al-Maliki de dividir Irak con sus políticas y ha acogido como exiliado a Al-Hashemi.

La ausencia por enfermedad del presidente iraquí Jalal Talabani, ingresado desde finales de diciembre en un hospital de Alemania tras sufrir un ataque cardíaco y sobre cuyo estado de salud han surgido numerosas especulaciones, ha contribuido a sacar a la luz unas tensiones que Talabani hasta ahora había contribuido a mediar, especialmente entre el gobierno autónomo kurdo y la administración central, y que a punto estuvieron a finales de año en derivar en un enfrentamiento militar abierto.

El conflicto en la vecina Siria es otro factor importante a la hora de analizar las tensiones sectarias en Irak, dado que los rebeldes sirios son en su mayoría sunníes pero el vecino Irán, donde la gran mayoría de la población sigue la confesión chií, apoya al régimen de Bashar al-Assad.