Miles de personas acompañaron en Diyarbakır los restos de las tres militantes nacionalistas, mientras crecen los temores a que los funerales del jueves se conviertan en una demostración de fuerza del PKK que dé al traste con las negociaciones de paz.
Los cuerpos de las tres militantes nacionalistas kurdas asesinadas la semana pasada en la sede de un grupo afín al PKK ubicado en pleno centro de París llegaron a última hora del miércoles a la ciudad de Diyarbakır, en el sureste de Turquía, donde el jueves tendrán lugar unos funerales públicos a los que se espera una asistencia masiva.
Los cuerpos de las tres mujeres -Sakine Cansız, Fidan Doğan y Leyla Söylemez- partieron de la capital francesa en un vuelo de Turkish Airlines que despegó a las 11:30 de la mañana (hora local) de París y llegaron en torno a las 16:20 al Aeropuerto Internacional Atatürk de Estambul en medio de un gran despliegue de seguridad, desde donde fueron enviadas a la ciudad suroriental de Diyarbakır en otro vuelo de la misma compañía.
Para evitar aglomeraciones e incidentes, las fuerzas de seguridad turcas no permitieron que nadie salvo las familias de las víctimas y algunos responsables del partido nacionalista kurdo BDP estuvieran presentes en el pequeño aeropuerto de Diyarbakır para recibir los cuerpos.
Tras su llegada a Diyarbakır a última hora de la tarde del miércoles, responsables del partido BDP trasladaron los restos mortales de las tres militantes kurdas hasta la morgue de un hospital privado local ubicado en el distrito de Bağlar, en el centro de la ciudad, donde se concentró una gran multitud de personas que salieron a la calle para acompañar a las tres ambulancias que las transportaban.
El BDP tiene previsto celebrar el jueves en la Plaza Batıkent de Diyarbakır una manifestación que se prevé masiva en homenaje a las tres militantes asesinadas, una de las cuales -Sakine Cansız- participó en la fundación del grupo terrorista Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) en 1978.
No obstante responsables del gobierno turco así como organizaciones sociales y civiles de la región sureste de Turquía -habitada mayoritariamente por ciudadanos turcos de origen kurdo- han hecho llamamientos en los últimos días a aquellos que vayan a asistir a los funerales públicos del jueves a mantener la calma y evitar actos de violencia o provocaciones.
Muchos analistas temen que los actos del jueves puedan degenerar en una protesta a favor del PKK y una demostración de poder del grupo armado que podría desembocar en una ola de indignación en gran parte de la sociedad turca, que presionaría al gobierno para que abandonase las negociaciones en curso con el líder del PKK, Abdullah Öcalan, para poner fin a un conflicto que se ha cobrado más de 40.000 vidas en casi tres décadas.
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Pablo Gómez es especialista en Turquía y editor jefe de Hispanatolia desde 2011. Desde 2006 se dedica al análisis de la actualidad y la geopolítica de Turquía y su región.
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