El Ministerio de Obras Públicas de Turquía ha declarado a la provincia de Giresun, en el este del Mar Negro, como zona catastrófica tras las graves inundaciones.
El Ministerio de Obras Públicas de Turquía ha declarado a la provincia de Giresun, situada en el este del Mar Negro, como zona catastrófica tras las graves inundaciones que han sacudido la región por segunda vez en menos de una semana, cuando los daños por las primeras inundaciones de hace sólo cinco días aún no habían sido reparados.
Estas inundaciones suponen el mayor desastre que sufre la región en los últimos 100 años, según afirman las autoridades turcas, y ya se han destinado unos 1.300 millones de liras (unos 620 millones de euros) del fondo de emergencia del gobierno y del Ministerio de Obras Públicas para reparar los daños en la zona. El Ministerio de Finanzas tiene previsto también destinar una partida de ayuda para Giresun.
«No venga aquí para la foto, escuche también nuestros problemas», decía una de las víctimas al Ministro de Obras Públicas Mustafa Demir, quien visitó la zona del desastre acompañado por un responsable del partido gobernante AKP. La Media Luna Roja ha enviado también a Giresun un equipo de expertos en desastres así como ayuda alimentaria. 165 litros por metro cuadrado han caído en la provincia, según responsables del departamento de meteorología. Decenas de personas tuvieron que ser rescatadas por los servicios de emergencia, atrapadas por las inundaciones, cientos de edificios siguen bajo las aguas, y los principales accesos por carretera fueron cortados tras 12 horas de lluvia torrencial ininterrumpida.
El alcalde de Giresun, Kerim Aksu, declaró que uno de sus principales objetivos era ahora evitar la pérdida de vidas en un desastre que hasta ahora no ha dejado víctimas mortales, aunque sí cuantiosas pérdidas. Aksu se sumó también a las críticas contra la autopista costera del Mar Negro, una vía que transcurre paralela a la costa del Mar Negro y que cuando fue construida recibió múltiples críticas por su impacto ambiental y por actuar de barrera con el mar. «El mar está a sólo 50 metros, y no podemos sacar el agua. Construyeron diques frente a los ríos y cambiaron sus cauces. Es imposible fluir para un río así. Esta carretera debería ser planificada de nuevo», afirmó el alcalde de la ciudad.
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Pablo Gómez es especialista en Turquía y editor jefe de Hispanatolia desde 2011. Desde 2006 se dedica al análisis de la actualidad y la geopolítica de Turquía y su región.
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