La policía turca detuvo en Adana, al sur del país, dos autobuses en los que viajaban medio centenar de inmigrantes ilegales, que habían pagado 5.000 dólares cada uno por cruzar la frontera. La mayoría eran paquistaníes y afganos, pero entre ellos había también una pareja de jóvenes iraníes, que no pudieron reprimir las lágrimas tras ser capturados. La chica dijo entre sollozos que en Irán podrían cortarle la mano por haberse teñido el pelo, mientras que a él podrían ejecutarlo por llevar tatuajes en el cuerpo.
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Pablo Gómez es especialista en Turquía y editor jefe de Hispanatolia desde 2011. Desde 2006 se dedica al análisis de la actualidad y la geopolítica de Turquía y su región.
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