La cumbre de Bruselas busca salidas al rechazo de Irlanda del Tratado de Lisboa

Los líderes de la Unión Europea se reúnen hoy y mañana en Bruselas para una cumbre semestral en la que tratarán de buscar salidas al bloqueo provocado por el rechazo irlandés del nuevo tratado de reforma.

Toda la atención está puesta en el primer ministro de Irlanda, Brian Cowen, a quien corresponde dar una explicación del inapelable triunfo del «no» en su país y apuntar alguna solución.

Del «taoiseach» se espera que aclare, en primer lugar, qué les disgusta a sus compatriotas del Tratado de Lisboa, y después, si es posible repetir el referéndum y cuánto tiempo necesitaría para proponer una alternativa que garantizara la ratificación irlandesa.

Hasta ahora, la mayoría de gobiernos ha fingido que la vida en la UE continúa, confiados en poder gestionar con paciencia lo que muchos han definido como «incidente del trayecto», pero lo cierto es que el riesgo de bloqueo es real.

«Hay que ir con sumo cuidado; un segundo ‘no’ en Irlanda sería devastador», reconocía hoy el representante ante la UE de un poderoso Estado miembro.

La solución va a requerir, pues, tiempo, tal vez mucho más del que se piensa.

Aunque muy pocos lo reconocen en público, todos se han hecho ya a la idea de que el flamante Tratado de Lisboa no entrará en vigor el 1 de enero de 2009 como estaba previsto.

El nuevo tratado era la solución de recambio a la Constitución europea, que naufragó también por el voto popular en los referendos celebrados en Francia y Holanda en 2005.

El Tratado de Lisboa aporta cambios institucionales que los gobiernos de la UE han estado negociando desde el mismo día en que firmaron, en 2001, el Tratado de Niza, actualmente en vigor, por considerarlos imprescindibles para el funcionamiento de una Unión que casi ha duplicado el número de sus miembros en muy pocos años.

Nuevas reglas de votación, que dan más peso a los estados más poblados; nuevos cargos, como el de presidente estable; más competencias para las instituciones comunes y un fortalecimiento de la política exterior y de seguridad son algunas de sus aportaciones.

Entre los factores que se citan como desencadenantes del rechazo irlandés está el miedo a la pérdida de peso dentro de la gran Europa ampliada, y se ha puesto como ilustración de este peligro la prevista reducción del número de comisarios europeos.

Actualmente el Ejecutivo comunitario, que dirige desde Bruselas las políticas comunes, está compuesto por un nacional de cada estado miembro.

Se da la paradoja de que el Tratado de Lisboa retrasaba la reducción de la Comisión hasta 2014, por lo que si continúa en vigor el Tratado de Niza, Irlanda (como otros) se arriesga ya en la próxima Comisión (2009) a carecer de un nacional en el seno del Ejecutivo comunitario, según destacaban hoy fuentes diplomáticas.

El presidente de turno de la UE, el primer ministro esloveno, Janez Jansa, ha descartado que esta cumbre, la última de su mandato, acabe con acuerdos sobre el caso irlandés o con una «hoja de ruta».

Por el contrario, el Parlamento Europeo ha pedido a los líderes una solución «rápida» a la crisis, para no distraer ni la atención ni las energías de los asuntos verdaderamente urgentes que preocupan a los ciudadanos.