artículo de opinión

OPINIÓN: İhsanoğlu: el último y arriesgado cartucho de Kılıçdaroğlu

Los dos principales partidos de la oposición han decidido unir fuerzas para hacer frente al gobernante Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) y al omnipresente Erdoğan. El actual primer ministro se postula como candidato a la presidencia de la República, a falta de confirmación oficial, y sus rivales políticos han movido ficha nombrando a su propia opción para convertirse en el próximo jefe de estado de Turquía. Una apuesta arriesgada que, de no prosperar, puede sentenciar al líder del principal partido de la oposición, Kemal Kılıçdaroğlu.

El ascenso al poder del AKP ha sido fulgurante y, hasta el momento, imparable. Las últimas elecciones municipales y locales de mayo han puesto de manifiesto que ni los escándalos de corrupción ni la represión ni el conflicto con la secta de Fetullah Gülen pueden con el partido liderado por Erdoğan. El primer ministro, por estatutos internos de su partido, ya no puede encabezar el ejecutivo, por lo que, siendo el animal político que es, se presentará como candidato a las próximas elecciones presidenciales de este verano. Todo hace indicar, que el carismático y polarizante Erdoğan se hará con la victoria, de ahí que el Partido Republicano del Pueblo (CHP) y el Partido de Acción Nacionalista (MHP) hayan unido sus fuerzas en un intento para evitar que el AKP vuelva a estar presente en el Palacio de Çankaya.

Conscientes de que separados no tiene opciones, al CHP y al MHP les ha unido su oposición a Erdoğan. El elegido por ambos ha sido el intelectual y diplomático Ekmeleddin İhsanoğlu. Que el laico CHP haya escogido como candidato al que fuera secretario general de la Organización para la Cooperación Islámica puede tener varias lecturas posibles. Primero, es indicativo de que, pese a no parecerlo en muchas ocasiones, la política turca ha evolucionado y ya no se encuentra tan encasillada ideológicamente. Segundo, pone de manifiesto que la desesperación del CHP por derrotar a Erdoğan llega a tales extremos como para traicionar parte de sus valores. Tercero, Kemal Kılıçdaroğlu, presidente del partido, prefiere guiarse por el pragmatismo antes que hacerlo por la ideología. Debido a que la primera lectura puede deberse solamente a una coyuntura puntual y la segunda es la defendida por estamentos más inmovilistas dentro del CHP,  prefiero abordar la tercera, cuyas implicaciones afectan de lleno al liderazgo del Partido Republicano del Pueblo.

Desde que en mayo del 2010 tomase las riendas del partido fundado por Ataturk, Kılıçdaroğlu no ha podido poner freno a la hegemonía del AKP. De naturaleza dialogante y apacible, no en vano lo apodaron el Gandhi turco, Kılıçdaroğlu no ha tenido el éxito deseado a nivel electoral: en las elecciones generales del 2011 logró el 25,98% de los votos, mejorando en cinco puntos los resultados de su predecesor en el cargo, y en las municipales de este año se hizo con el 25,59% de los sufragios, apenas un par de puntos más que en el 2009. Además, en los últimos comicios, con toda la munición disponible para hacer frente al AKP (Gezi, corrupción, Hizmet…), fracasó en su intento de hacerse con las alcaldías de Estambul y Ankara, lo que le ha puesto en el punto de mira de muchos de sus seguidores.

El liderazgo de Kılıçdaroğlu al frente del CHP nunca ha sido del todo sólido y ha contado con la oposición interna de miembros del ala más anquilosada e intransigente del partido, lo que ha coartado y restringido sus decisiones hasta cierto punto. Los pobres resultados electorales expuestos en el párrafo anterior han debilitado aún más su posición. La arriesgada baza de İhsanoğlu no ha gustado en ciertos sectores del CHP, tal y como se esperaba, y ya han comenzado  a oírse voces discordantes dentro del partido, como la de Nur Serter, diputada por Estambul: “[İhsanoğlu] no representa al CHP. Estoy apenada y avergonzada. Una daga ha sido clavada en el corazón del CHP. Evaluaremos lo que hacer con nuestros amigos”, declaró al diario Hürriyet. Serter bien puede representar a una importante parte del partido que hubiese preferido a un candidato de corte laico y nacionalista. Por su parte, Hüseyin Aygün, diputado por Tunceli, expresó su desaprobación de que no se hubiese elegido a un candidato “de izquierdas”.

Kılıçdaroğlu era consciente de las ampollas que İhsanoğlu podría levantar dentro de su partido, pero aún así se ha arriesgado con una decisión que puede representar su última opción de dar un golpe de efecto y afianzarse en la presidencia del CHP. Sin embargo, los antecedentes electorales, en generales y municipales, hacen prever una victoria de Erdoğan, lo que complicaría aún más la situación de Kılıçdaroğlu hasta tal punto de poder propiciar un cambio de liderazgo dentro del propio partido. Por lo tanto, es de esperar que muchos de sus oponentes dentro de las filas del propio CHP estén a la expectativa, revoloteando alrededor suyo, esperando el fracaso en las presidenciales.

Con o sin Kılıçdaroğlu el CHP sigue teniendo un problema. Si realmente quiere poder plantarle cara al AKP debe evolucionar y convertirse en un partido del siglo XXI, fijarse en lo que hace su máximo rival y aprender de él. Pero todavía se encuentra bajo la influencia de un establishment que no quiere ver la realidad y sigue anclado en el pasado. La decisión de Kılıçdaroğlu puede significar un pequeño paso adelante pero también puede verse como un simple movimiento puntual y oportunista. Sea como fuere, quien llegó a la presidencia del CHP como el Gandhi turco podría tener sus días contados. Y mientras tanto, los medios próximos al gobierno y sus seguidores, ya han comenzado con su campaña de difamación hacia İhsanoğlu. ¿La última? En Twitter se ha extendido el rumor de que el Vaticano estaría detrás de su candidatura… Hay cosas que nunca cambiarán.