Grecia se prepara para unas nuevas elecciones y para salir del euro

Los infructuosos intentos para formar un gobierno de coalición tras las últimas elecciones dejan al país al borde de una nueva convocatoria electoral y de una bancarrota que podría suponer su abandono definitivo de la moneda única.

El presidente griego se reunió el domingo con los líderes de los principales partidos políticos del país en un último intento por tratar de formar un gobierno de coalición que evite la repetición de las elecciones generales celebradas hace una semana y la salida del país del euro, ambos dos opciones que hace sólo unos días parecían lejanas y que ahora cada vez más analistas y políticos ven prácticamente como inevitable.

Tras una reunión mantenida el domingo con el presidente de la República, Karolos Papoulias, el líder del partido conservador Nueva Democracia -el más votado en los comicios del pasado domingo pero que apenas llegó al 20% de los votos- Antonis Samaras dijo a la prensa que las consultas para la formación de un gobierno continuarán en los próximos días.

El tiempo sin embargo se agota a medida que las negociaciones concluyen en fracaso, y el presidente griego tiene hasta el jueves, cuando se reúne el parlamento, para ver si es posible la formación de un ejecutivo de coalición entre al menos tres partidos -todos ellos de tendencia política muy dispar- o si se hace inevitable la convocatoria de unas nuevas elecciones parlamentarias para el próximo junio.

Las pocas esperanzas que había para lograr la formación de un difícil gobierno de coalición encabezado por los dos partidos tradicionales de centro-derecha y centro-izquierda, la Nueva Democracia y el socialista PASOK (que ha pasado de arrasar en 2009 con el 44% de los votos a convertirse en la tercera fuerza del país con menos del 14%), estaban depositadas en la Izquierda Democrática (Dimokratiki Aristera, o DIMAR), una formación moderada de izquierdas fundada en 2010 que con 19 diputados y poco más del 6% de los votos fue el 7ª partido más votado en las generales de hace una semana.

Pero DIMAR ya ha descartado formar parte de cualquier gabinete en el que no esté también la Coalición de la Izquierda Radical o SYRIZA, una agrupación de casi una docena de partidos de extrema izquierda que quiere poner fin al acuerdo firmado por Grecia con el FMI y la Unión Europea en 2010 para recibir los préstamos que eviten que el país caiga en la bancarrota. Eso es precisamente lo que trata de evitar por todos los medios una coalición Nueva Democracia-PASOK, pero ni partidarios ni detractores del acuerdo de rescate -con unas durísimas medidas de ajuste que han dejado al país sumido en la recesión y la ruina- suman suficientes diputados para lograr la investidura.

La perspectiva de unas nuevas elecciones parece además beneficiar a SYRIZA, a quien las encuestas dan como la formación más votada con cerca del 28% de los votos si los comicios se celebrasen en junio, 11 puntos por encima del respaldo obtenido el 6 de mayo y que la convirtió en la segunda fuerza más votada del país, desbancando al moderado PASOK como el principal partido de izquierda en Grecia.

La esvástica en el parlamento griego

En todo una señal de los duros y convulsos tiempos que vive el país, el presidente Karolos Papoulias tenías previsto el domingo continuar la ronda de conversaciones con los cuatro partidos más pequeños que han entrado también en el parlamento tras los últimos comicios, incluyendo por primera vez a Chryssi Avghi (Amanecer Dorado), una formación de extrema derecha hasta hace poco marginal e ilegal, con un discurso xenófobo y un logo que se asemeja a la esvástica fascista, y cuyos miembros se saludan al estilo nazi y han estado implicados en varias agresiones racistas. Muchos griegos esperaban con expectación el encuentro entre el presidente Papoulias, un veterano de la II Guerra Mundial que luchó en la resistencia griega contra los nazis, y el líder de Amanecer Dorado, un partido que hace tres años tuvo un 0,29% de votos y que el pasado 6 de mayo consiguió el 7% entrando por primera vez en el parlamento.

Grecia fuera del euro

Pese a la postura contraria al draconiano acuerdo con el FMI y la UE para salvar al país de la quiebra, nadie en Grecia quiere hablar oír de una posible salida del euro; ni siquiera Alexis Tsipras, el ingeniero civil de 37 años líder de SYRIZA. Aunque la mayoría de los griegos se oponen al plan de rescate de sus vecinos europeos que les ha sumido en la ruina, la cuestión es diferente cuando se les pregunta por la salida del euro, y las encuestas más recientes hablan de que más del 78% quieren que el nuevo gobierno haga todo lo que sea necesario para que Grecia siga en la Eurozona.

La perspectiva de una economía hundida tras años de excesos y que se unió al euro falsificando sus cuentas, con una contracción que la Comisión Europea cifra en el 4,7% del PIB para este año, y un desempleo que ronda el 20% de la población, nadie quiere desmarcarse completamente de la vecina Europa en un momento en que Atenas necesita su apoyo más que nunca y el euro puede ser el único salvavidas que le queda a Grecia.

Pero los líderes de la UE ya han vuelto a poner las cartas sobre la mesa y a advertírselo claramente a los griegos: sin un ejecutivo que respalde el plan de rescate por valor de 130.000 millones de euros que evite la bancarrota del país a cambio de duras medidas de ajuste económico, Grecia se quedará sin ayudas que eviten la quiebra de su economía y es más que probable que acabe saliendo del euro.

«El país en un camino peligroso», «Los políticos juegan a la ruleta rusa» o «Será difícil evitar una catástrofe nacional» eran algunos de los titulares y editoriales que podían leerse el fin de semana en los diarios del país de distinta tendencia política. Hasta ahora muchos en Grecia han tratado de hacer frente a la perspectiva de una salida del euro en la creencia que los propios países de la Eurozona no quieren ni oír hablar de esa posibilidad por las consecuencias que tendría para la propia estabilidad y credibilidad de la moneda única. Pero lo que hasta hace poco parecía un tema tabú o una perspectiva lejana va cobrando fuerza, y cada vez más políticos en Bruselas hablan de la salida de Grecia de la Eurozona como una opción costosa, pero real y posiblemente inevitable.

«Técnicamente, puede hacerse», declaraba el sábado Patrick Honohan, jefe del banco central irlandés y uno de los responsables del Banco Central Europeo, que consideró que la expulsión de Grecia del euro crearía una crisis de confianza en la moneda europea pero no tendría por qué ser «fatal».

El ministro de finanzas alemán Wolfgang Schaeuble también declaraba el viernes durante una entrevista con el diario germano Rheinische Post que la Eurozona podría sobrevivir a la salida de Grecia de la moneda única. «Queremos que Grecia permanezca en la Eurozona, pero ellos también tienen que quererlo y cumplir sus obligaciones. No podemos obligar a nadie (a quedarse)», dijo.

Algunos analistas señalan que en realidad los preparativos para que el país helénico abandone el euro y vuelva a su moneda nacional, el dracma, ya se llevan haciendo al menos desde que la crisis de deuda emergió en 2009. Muchos bancos ya se están preparando para comenzar a trabajar con una divisa nacional griega y algunos nunca llegaron a eliminar el dracma de sus sistemas después de que Grecia adoptara la moneda europea hace una década, por lo que podrían adaptarse rápidamente si finalmente -como parece cada vez más probable- los griegos dicen adiós al sueño del euro.