La llegada a la presidencia de François Hollande ha confirmado un cambio completo de rumbo en la política de París hacia Turquía, que ha puesto fin a las sanciones que mantenía contra Francia desde el pasado diciembre.
París y Ankara parecen haber dejado atrás sus diferencias durante el mandato de Sarkozy y haber abierto una nueva era en sus relaciones. Es al menos el mensaje positivo que parece desprenderse de la reunión que mantuvieron el pasado miércoles en Río de Janeiro el primer ministro turco Recep Tayyip Erdoğan y el recién elegido presidente francés François Hollande.
Durante el encuentro, que tuvo lugar en el marco de la Cumbre Río 20 celebrada en la ciudad brasileña bajo el paraguas de la ONU, ambos líderes coincidieron en la necesidad de abrir una nueva página en las relaciones entre los dos países, históricamente estrechas, tras el paso por el Palacio del Elíseo de Nicolas Sarkozy, cuya posición en contra de la entrada de Turquía en la UE o su insistencia en proclamar leyes que criminalizasen la negación del genocidio armenio causaron serias fricciones con el gobierno turco.
Erdoğan y Hollande se mostraron de acuerdo en retomar las tradicionalmente buenas relaciones bilaterales, especialmente en el ámbito económico, así como en apostar por la integración de Turquía como miembro de la Unión Europea, marcando una clara diferencia con el anterior ejecutivo galo. Durante la reunión el primer ministro turco subrayó también que hace ya 20 años desde la última visita oficial de un presidente francés a Turquía e invitó a Hollande a viajar al país euroasiático, invitación que fue aceptada por el nuevo inquilino del Elíseo.
Durante una entrevista concedida el jueves al canal de noticias turco CNN Türk, el ministro de exteriores de Turquía, Ahmet Davutoğlu, confirmó que tras la reunión mantenida en Brasil Erdoğan había dado instrucciones para poner fin a las sanciones que pesaban contra Francia desde finales del año pasado a raíz de que el presidente Nicolas Sarkozy impulsase una ley para condenar con penas de cárcel el cuestionamiento en público del genocidio armenio.
«Las sanciones ya no están en vigor debido a la nueva posición de Francia», dijo Davutoğlu. «Podemos ver que Hollande tiene el deseo de superar los problemas». El ministro de exteriores turco añadió que tiene previsto realizar una próxima visita a París, prevista para el 5 de julio, tras la cual «esperamos que concluya el estancamiento en nuestras relaciones», y subrayó que el nuevo presidente francés ha demostrado ser una persona con la suficiente fuerza de voluntad para superar los problemas del pasado, a diferencia de su predecesor.
Durante la presidencia de Sarkozy, las relaciones turco-francesas experimentaron serias dificultades a causa de cuestiones como las negociaciones para la entrada de Turquía en la UE o las leyes a favor del reconocimiento del genocidio armenio. La situación se fue deteriorando hasta que finalmente el pasado mes de diciembre Ankara retiró a su embajador en París e impuso varias sanciones después de que el mandatario galo impulsase por enésima vez una ley en el parlamento bicameral francés para castigar con un año de cárcel y multas de hasta 45.000 euros a cualquier que cuestionase públicamente la existencia del genocidio armenio. Finalmente el Consejo Constitucional de Francia rechazó a finales de febrero por inconstitucional la ley, que había sido apelada por más de 140 diputados y senadores franceses tras las fuertes críticas que había recibido la nueva legislación dentro y fuera de Francia.
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Pablo Gómez es especialista en Turquía y editor jefe de Hispanatolia desde 2011. Desde 2006 se dedica al análisis de la actualidad y la geopolítica de Turquía y su región.
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