El Mar de Aral, al borde de la desaparición

Antiguamente uno de los cuatro mayores lagos del mundo, toda la superficie oriental del lago ha acabo de secarse por completo este verano.

El que otrora fuera uno de los cuatro lagos más grandes del planeta, el Mar de Aral, está al borde mismo de la desaparición tras un verano especialmente seco. Así lo revelan las últimas imágenes de satélite, que muestran cómo este considerado mar interior ha registrado un mínimo histórico desde que comenzara a secarse en la década de los 60.

Con una superficie original de 68.000 kilómetros cuadrados, el pasado verano ha marcado un nuevo y trágico hito para este lago repartido entre Kazajistán y Uzbekistán, dos repúblicas ex soviéticas de Asia Central; con una superficie acuática que ya en 2008 se había reducido a un 10% de su tamaño original, en lo que se considera uno de los peores desastres medioambientales de la historia, las últimas imágenes muestran que toda la mitad oriental del Aral se ha secado por completo, un hecho inédito desde que se tienen registros.

La calificada a menudo como “tragedia del Mar de Aral”, aunque agravada en los últimos años por el cambio climático, es sin embargo como en tantas otras ocasiones consecuencia de la acción del hombre. En los años 50 y 60 del siglo XX la Unión Soviética desvió dos grandes ríos que alimentaban a este mar interno, el Amu Darya y el Syr Darya, como parte de un gran proyecto para irrigar grandes extensiones de tierras semidesérticas para el cultivo de arroz, melones, cereales y sobre todo algodón.

El plan tuvo relativo éxito –de hecho Uzbekistán es hoy uno de los mayores productores de algodón del mundo- pero a un alto coste medioambiental y sanitario. El desvió de sus principales afluentes no tardó en provocar que la orilla del lago comenzara a retirarse, dejando tras de sí una extensión de tierra baldía y barcos varados, acabando con toda la industria pesquera de la región y las comunidades que dependían del Aral. La extracción de agua se duplicó con los años, y en los 80 el nivel del agua bajaba casi un metro por año.

La creciente desecación incrementó drásticamente el nivel de salinización del agua, que a su vez se contaminaba con toneladas de residuos de fertilizantes y pesticidas procedentes de los grandes cultivos industriales; a su vez el clima cada vez más árido dejaba esta contaminación al descubierto, convertida en polvo que el viento levantaba del lecho seco y esparcía por toda la región, provocando graves problemas de salud para la población y salinizando y contaminando los campos de cultivo adyacentes.

A finales del siglo pasado el nivel de las aguas bajó tanto que el antiguo Mar de Aral acabó dividiéndose en dos, uno más pequeño al norte, en Kazajistán, y otro mucho más grande al sur, en Uzbekistán; para 2010 éste último se había divido a su vez en dos grandes lenguas de agua, una occidental y otra oriental: ha sido esta última la que ha terminado por secarse completamente en 2014, dejando el Aral en su mínima expresión.

La trágica desaparición del Mar de Aral recuerda a otros fenómenos similares como el del Lago Chad, antiguamente uno de los mayores del mundo, que pasó de tener 26.000 kilómetros cuadrados de superficie en los años 60 a menos de 1.000 en la actualidad. En menor medida el Lago Tuz, el segundo mayor lago de Turquía, ha perdido también el 85% de su superficie original en el último siglo.