Ender Arat, embajador de la República de Turquía en España, participó en el seminario internacional «Diálogo intercultural y relaciones entre las sociedades civiles euromediterráneas».
Entre las iniciativas dirigidas al desarrollo de las relaciones euro-mediterráneas en todos los ámbitos sobresalen actualmente las que se refieren a la dimensión cultural y humana de éstas. El diálogo entre las sociedades y las culturas es considerado un factor fundamental en los esfuerzos para garantizar la estabilidad y la prosperidad en la región.
Turquía y España, que desde hace tiempo lideran los esfuerzos para desarrollar las relaciones humanas y el diálogo, asumieron juntos la co-presidencia de la iniciativa de la Alianza de Civilizaciones auspiciada por la ONU. Esta iniciativa, que aspira a erradicar la intolerancia, suprimir los factores extremistas y la polarización, y fomentar el respeto y entendimiento mutuos, es uno de los proyectos más prominentes a nivel mundial en el contexto del diálogo entre culturas y religiones, gracias a los 120 países miembros de su Grupo de Amistad.
Todos los actores regionales; gobiernos, organizaciones internacionales y ONG, tienen la importante misión de desarrollar el diálogo en cada ámbito. No basta con hablar a los ciudadanos de la importancia del diálogo y alentarles a que lo practiquen, y deberíamos preguntarnos si somos conscientes de la necesidad de ofrecerles los medios suficientes para eliminar los obstáculos que entorpecen el inicio del diálogo. Somos nosotros, precisamente, políticos y burócratas, los que deberíamos hacernos esta pregunta.
Evidentemente tenemos que salvaguardar la seguridad y el bienestar nacional a la hora de regular la movilidad de las personas, a través de políticas de migración y de la aplicación de visados. Sin embargo, a la hora de crear las políticas de migración y de visados hay que tener en cuenta el principio de dependencia mutua, principalmente la económica, y hay que establecer un equilibrio entre seguridad/interés nacional y bienestar común/diálogo. No se puede ignorar que en un mundo globalizado existe la interdependencia entre las sociedades en materias de desarrollo, medioambiente y bienestar.
Hoy, entre las prioridades de la política exterior turca se encuentra la libertad de movimiento de las personas en la medida de lo posible. El objetivo económico y estratégico de esta política es posibilitar la libre circulación de las personas, principalmente empresarios, académicos y estudiantes, y contribuir a la estabilidad y la seguridad reforzando las relaciones a todos los niveles con los vecinos y los países de la región. En el marco de la nueva diplomacia de visados, Turquía ha firmado, recientemente, acuerdos de exención de visado con Siria, Rusia y Libia. Así, por un lado se da la oportunidad a los empresarios de viajar de manera fácil a los países de destino para desarrollar relaciones comerciales, y por otro, al facilitar la libre circulación de las personas, se fomenta el diálogo y el entendimiento mutuo.
Las políticas de migración y visados a nivel nacional y comunitario que desarrollan los países situados en el norte del Mediterráneo, deben tener un talante integrador que facilite el diálogo, y no un carácter protector y excluyente. La dimensión humana de estas políticas aplicadas por la UE no ha podido alcanzar hoy por hoy un nivel que permita desarrollar el diálogo. En el informe preparado por el Grupo de Reflexión presidido por Felipe González y compuesto por 12 sabios, y que fue publicado el 8 de mayo de 2010, se hace hincapié en la obligación de revisar la política de migración en su totalidad y en la necesidad de cambiar definitivamente las actuales políticas dirigidas a excluir a las personas, y se precisa como un imperativo el desarrollo del mercado laboral, teniendo en cuenta que en 2050 más de la mitad de su población tendrá más de 50 años.
La prueba más clara de la ineficacia de política de la UE en este campo es el régimen de visados que viene aplicando a Turquía. La desgana por parte de estos países de aceptar la entrada de ciudadanos turcos en sus territorios nacionales se ha convertido con el tiempo en una gestión que roza casi la discriminación. “El calvario de solicitar un visado” ha cobrado una dimensión que impide el diálogo entre los ciudadanos turcos y los de la UE. Es más, este problema hace que los ciudadanos turcos cuestionen muy a menudo la adhesión de Turquía a la UE como miembro de pleno derecho. Hoy en día los empresarios turcos que quieren solicitar un visado para viajar a la UE con el fin de firmar un contrato, realizar una reunión o participar en una feria, son sometidos a un proceso de visado difícil y severo en todos los aspectos.
Turquía es un país que firmó el Acuerdo de Asociación con la UE en 1963. Este acuerdo tiene una peculiaridad que su objetivo final es la adhesión de Turquía a la UE. Turquía completó su proceso de la Unión Aduanera en 1996, adquirió el estatuto de país candidato en 1999 y desde 2005 está inmersa en un proceso de negociaciones para su adhesión como miembro de pleno derecho. El hecho de que se concediera la exención de visado a Macedonia, Serbia y Montenegro en diciembre de 2009, mientras que a Turquía, que no se le permite disfrutar de los derechos derivados de sus acuerdos con la UE, no se le exime de la exigencia de visado, ni se le facilita la obtención del mismo, se ha convertido en el símbolo de la percepción de que existe discriminación. El mismo trato discriminatorio se ha aplicado también a los ciudadanos de Bosnia Herzegovina. La exigencia de visado no aporta nada al desarrollo del diálogo en la sociedad civil, al que la UE hace referencia, y pero sí sirve de vehiculo para fomentar la discriminación y crear divisiones del tipo yo y el “otro”.
El Tribunal de Justicia de Europa, a través de la “Sentencia sobre el ciudadano turco el Sr. Sosyal” que adoptó el año pasado, dictamina que se debe eliminar la exigencia de visado a los ciudadanos turcos que son prestadores de servicios. El objetivo fundamental de Turquía en este tema es conseguir la plena exención de visado a los ciudadanos turcos por parte de la UE. El Consejo Europeo debe autorizar a la Comisión Europea para que empiece a trabajar en este tema.
Por otro lado, Turquía, que es un país de tránsito en las rutas de la migración irregular y que ha devenido también recientemente en país destino de las mismas, está convencido de la necesidad de desarrollar la cooperación en este campo a través de la armonización de las políticas nacionales y regionales de migración. De esta manera, se recorrió un trecho muy importante en las negociaciones que se llevaron a cabo para la firma del acuerdo de repatriación que tiene como base la cooperación, las buenas intenciones y el compartir los costes con la UE. Sería conveniente que los países de la cuenca mediterránea contribuyeran también a la regulación de la migración a través de acuerdos similares y soluciones prácticas que desarrollan la cooperación.
La iniciativa de la Alianza de Civilizaciones co-presidida por Turquía y España cuenta hoy con el apoyo de 120 países y organizaciones internacionales. El primer Foro de la Alianza de Civilizaciones se celebró en Madrid en 2008, el segundo en Estambul en 2009, y el tercero el pasado mes de mayo en Río de Janeiro. Estos 120 países y organizaciones internacionales trabajan en 4 temas seleccionados como objetivo por la iniciativa que son: la juventud, la educación, los medios de comunicación y la migración. Para hacer posible la conciliación y la tolerancia en lugar del conflicto, es necesario que las personas y las sociedades se conozcan mutuamente e intercambien opiniones. En este sentido es imprescindible que las políticas de visados sean integradoras y dirigidas a estimular el contacto.
Antes de poner fin a mis palabras, deseo recordar que en un escenario internacional donde es fundamental la dependencia mutua, uno de los instrumentos más importantes para desarrollar el diálogo intercultural y social es incrementar la interacción entre los ciudadanos de a pie. Por tanto nuestro deseo común es que se tome en consideración este factor tan importante a la hora de regular los movimientos humanos entre países y regiones, y de crear las políticas de migración y establecer prácticas de visado.
Muchas gracias.
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Como gran aficionado a la historia que es, a Pablo Gómez le cautivó Turquía desde el primer día que la visitó en 2006: allí se casó, allí tiene una casa, y desde entonces se ha convertido en todo un experto en la actualidad de Turquía. Con una larga experiencia en medios de comunicación, está al frente de Hispanatolia desde 2011.





