Disturbios en Bahréin coincidiendo con la celebración de la F1

Manifestantes de la oposición chií, que representa a la mayoría de la población, protestaron contra la celebración de la carrera exigiendo reformas democráticas a la casa real gobernante.

La policía bahreiní se enfrentó todo el fin de semana con manifestantes que protestaban contra la celebración del Gran Premio de Fórmula Uno y exigían reformas democráticas en este pequeño estado del Golfo Pérsico, mientras las autoridades intentaban convencer a los organizadores de la carrera de que la competición se celebraría sin incidentes.

Horas antes de la competición activistas anti-gubernamentales se enfrentaban a las fuerzas de seguridad; grupos de manifestantes enmascarados llegaron a bloquear con barricadas las carreteras de varias poblaciones chiíes próximas a la capital, Manama, mientras la policía reaccionaba empleando material antidisturbios para contenerlos.

Varios medios informaron de que las fuerzas del orden llegaron a lanzar gases lacrimógenos al interior de una escuela de la ciudad donde se habían estado manifestando un grupo de estudiantes. La policía no obstante logró mantener despejadas las vías de acceso al circuito de Sakhir, ubicado al sur de la capital, donde se celebraba este domingo la carrera de F1.

“Vuestra carrera es un crimen” y “No, no a la carrera de la sangre”, fueron algunos de los gritos que pudieron oírse en las protestas, que se iniciaron el sábado por la noche en varias poblaciones de mayoría chií próximas a Manama. Cientos de personas que pretendían llegar hasta el escenario de las protestas que en 2011 obligaron a cancelar la carrera de Fórmula Uno fueron reprimidas y dispersas con dureza por los antidisturbios.

La celebración de la carrera ha estado rodeada de polémica y contratiempos en los últimos años, después de que las protestas inspiradas por la Primavera Árabe iniciadas en 2011 por la oposición de mayoría chií -que exige reformas democráticas a la élite monárquica sunní- obligaran a suspender la competición ese mismo año, y dejaran varios muertos en 2012. Sólo este mes más de un centenar de activistas han sido detenidos para evitar nuevos enfrentamientos.

El príncipe heredero Salman bin Hamad al-Khalifa reconoció ante la prensa internacional que había ciertos “problemas” en el país pero insistió en que no habría incidentes que afectasen al Gran Premio de F1, al tiempo que rechazó las críticas tanto de la oposición como de grupos de derechos humanos, que acusan a la monarquía reinante de utilizar la Fórmula Uno como una propaganda exterior que intenta ocultar el déficit democrático y de respeto a los derechos humanos en Bahréin.

Pese a que las autoridades aseguran que ha habido cambios desde las críticas desatadas por la represión contra las manifestaciones populares en 2011, según denuncian diversas organizaciones (entre ellas Amnistía Internacional) las violaciones de derechos humanos -incluyendo detenciones ilegales y torturas sistemáticas- se han seguido produciendo en el país, y en los dos últimos años se han registrado al menos 80 víctimas a consecuencia de la violencia política.

El jefe de la Fórmula Uno, Bernie Ecclestone, justificó sin embargo la celebración de la carrera pese a las críticas alegando que no era tarea del deporte adoptar una postura moral ni juzgar al gobierno de un país. “Los derechos humanos son que la gente que vive en un país acate las leyes de ese país”, dijo Ecclestone a la prensa. “Así que el caso es las leyes que haya en un país, la gente debe respetarlas”.

Antiguamente un dominio británico, estratégicamente situado en el Golfo Pérsico y no lejos de Irán, Bahréin es un país de mayoría chií gobernado por una monarquía sunní que acoge la base de la Quinta Flota de los Estados Unidos, y es un importante centro financiero y paraíso fiscal de la región.