artículo de opinión

OPINIÓN: Cambio de rumbo

Por primera vez desde su llegada al poder en 2002, el Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) se verá obligado a buscar un nuevo aliado político para gobernar un país, Turquía, que ha dirigido en solitario hasta la celebración de las últimas elecciones generales. Los sufragios se han saldado con una importante pérdida de votos para el partido y con la incursión en el Parlamento de Ankara del HDP, coalición formada por el movimiento defensor de la causa kurda y varios partidos de izquierdas, lo que ha impedido al AKP obtener su anhelada mayoría absoluta.

También por primera vez desde su fundación, el partido concurría a los comicios con un candidato distinto a Recep Tayyip Erdoğan, que tras presidirlo durante tres legislaturas consecutivas, se convertía en Presidente de la República y cedía su candidatura de Primer Ministro a Ahmet Davutoğlu, anterior Ministro de Asuntos Exteriores.

Erdoğan siempre ha defendido que su AKP, más que un partido, es en realidad un movimiento con una misión cuasi divina de situar a la “nueva” Turquía dentro de las diez potencias económicas más importantes del mundo hasta el año 2023, centenario de la proclamación de la República. Para ello, el ahora Presidente no dudó en convocar multitudinarios mítines paralelos durante la campaña electoral en los que invocaba al electorado a acudir en masas a las urnas para apoyar su causa.

Su objetividad durante la campaña electoral quedó en evidencia ya que según la Constitución, el Presidente de la República debe jugar un papel imparcial y no puede interferir en el proceso electoral. Su plan era alcanzar una mayoría parlamentaria suficiente que le permitiera modificar la Constitución y realizar una transición desde un sistema parlamentario a otro presidencialista en el que él tuviera poderes plenos. Tras los resultados de los sufragios celebrados el 7 de junio, deberá abandonar sus planes originales y se verá obligado a cambiar el rumbo de su política para alcanzar sus pretensiones.

Mucho se ha especulado sobre los motivos de la pérdida de votos del AKP en las urnas. El poco tirón de un candidato sin carisma como Davutoğlu es uno de los argumentos que se han esgrimido. El propio electorado del AKP votaba en realidad a su “líder en la sombra” más que al candidato oficial. Por otro lado, la importante pérdida de votos en las provincias del este del país, con población mayoritariamente kurda, refleja que el electorado kurdo ha dejado de creer en la sinceridad del Gobierno hacia el llamado proceso de paz kurdo. Sin embargo, el deterioro de la hasta hace poco boyante economía turca y el empeoramiento de las condiciones de vida de los ciudadanos parecen haber sido los factores determinantes.

La evolución de la economía turca durante los diez últimos años fue calificada por algunos como “el milagro turco”. Mientras la economía europea se contraía como consecuencia de la grave crisis financiera mundial, Turquía continuaba disfrutando de tasas de crecimiento anuales por encima del 5% (con la salvedad del año 2009). En 2010 y 2011 el incremento del PIB rondó el 9% anual. La tasa de desempleo y de inflación se mantenían en cifras de un sólo dígito, en un país acostumbrado a sufrir severos incrementos de precios. Esta bonanza económica era la principal baza electoral del AKP, que defendía su eficiente gestión y alarmaba sobre la inestabilidad que supondría su salida del poder.

Sin embargo, había datos económicos que reflejaban que los cimientos del milagro económico turco no eran sólidos. La dependencia de la inversión exterior, el enorme déficit de la balanza comercial y el gran peso de la construcción en el crecimiento vaticinaban una ralentización económica que ha llegado. El crecimiento económico se ha reducido sustancialmente y la lira turca se ha depreciado sensiblemente respecto al euro o al dólar, lo que no se ha traducido en un incremento de las exportaciones.

La pérdida de apoyo popular obligará al AKP a replantear su misión y tomar otro rumbo de futuro. Una alianza con el MHP, partido de ideología nacionalista turca, parecería la opción más natural, pero las combinaciones posibles son diversas. Una poco probable unión de todas las fuerzas de la oposición alejaría al AKP del Gobierno; y tampoco es descartable una convocatoria de elecciones anticipadas si se forma un Gobierno en minoría.

El golpe electoral recibido por Erdoğan ha sido fuerte y contará con menos margen de maniobra para alcanzar sus ambiciosos propósitos. Sin embargo, sería precipitado dar por acabada la carrera de un político con una astucia como estratega fuera de lo común.