Bélgica se hunde sin poder formar un gobierno

Bélgica afrontó el lunes nuevamente la incertidumbre de su futuro como país después del enésimo fracaso de las negociaciones entre flamencos y valones para formar un gobierno.

Bélgica afrontó el lunes nuevamente la incertidumbre de su futuro como país después de que el domingo el enésimo fracaso de las negociaciones entre flamencos y valones para formar un gobierno amenazase con unas elecciones anticipadas cómo último recurso para evitar la secesión definitiva del país.

El diario francófono Le Soir hablaba el lunes de «callejón sin salida» después de que los partidos valones francófonos rechazasen el domingo la última propuesta de los independentistas flamencos para formar un gobierno de unidad, después de calificar como «provocaciones» las proposiciones de su líder, Bart de Wever, que en el pasado ha afirmado que Bélgica debería disolverse.

De Wever, a quien el rey Alberto II había encargado el último intento de formar un gobierno, pareció montar en cólera el lunes al afirmar que se había acabado «la función» después de que los tres partidos valones rechazaran las propuestas de los cuatro partidos flamencos para formar un ejecutivo. El independentista flamenco se mostró «decepcionado» por el rechazo de los valones a su propuesta de tener aún mayor autonomía para la rica Flandes (norte del país), en un estado que ya tiene un funcionamiento totalmente federal.

De hecho uno de los problemas a la hora de formar un gobierno unido y estable es que las dos comunidades del país -flamencos del norte y valones del sur- votan por separado a sus propios partidos, que luego deben formar un gobierno. En las últimas elecciones -ya anticipadas tras más fracasos para formar gobierno- la formación independentista flamenca N-VA obtuvo un triunfo histórico que pareció sentenciar finalmente a este pequeño país fundado en 1830 situado entre Francia y Holanda, pero que alberga nada menos que en su capital, Bruselas, al grueso de las instituciones de la Unión Europea.

Por contra en los comicios del 13 de junio los socialistas obtuvieron la mayoría entre la población francófona valona del Sur, que teme que una escisión del país les perjudique seriamente frente a la pujanza económica del Norte. No obstante incluso la hipotética división del país plantería serios problemas, ya que la capital Bruselas tiene una inmensa mayoría de población valona francófona, pero se encuentra enclavada en territorio de Flandes y cuenta con barrios enteros de poblacion flamenca o con miembros mezclados de las dos comunidades.

Por ahora Bélgica se mantiene con un gobierno en funciones dirigido por el democristiano flamenco Yves Leterme, que dimitió en bloque el pasado abril ante la imposibilidad de gobernar el país y ya ha presentado tres veces su dimisión desde 2007. Bélgica afronta además esta grave crisis política precisamente cuando obstenta la presidencia semestral de la UE.

Pese a los esfuerzos del rey belga Alberto II, último símbolo de la unidad nacional, pocos belgas creen ya que unas nuevas elecciones anticipadas puedan servir para aclarar el futuro de un país que parece hacer aguas por todos lados. De hecho el diario flamenco De Standaard, afirmaba ayer que es «prácticamente inevitable» la celebración de nuevas elecciones anticipadas, pero al mismo tiempo subrayaba la paradoja de unos comicios que serían los terceros desde 2007 y que «sólo oscurecerán más la salida» a la crisis política que afronta Bélgica, teniendo en cuenta además que las encuestas arrojan resultados similares a los anteriores.