BÉLGICA NOMBRA UN PRIMER MINISTRO FLAMENCO

El rey Alberto II de Bélgica nombró ayer martes al cristianodemócrata flamenco Herman Van Rompuy como nuevo primer ministro del país, al que encargó la dirección de una coalición gubernamental de cinco partidos en un país que afronta la recesión y una crisis bancaria sin precedentes. La actual coalición gubernamental -que casi podría calificarse de \»gobierno de unidad nacional\»- está formada por el Partido Cristianodemócrata Flamenco, el Partido Liberal Flamenco, el Partido Liberal Francófono, los Cristianodemócratas francófonos y el Partido Socialista Francófono.

Van Rompuy reemplaza a su compañero de partido Yves Leterme, que dimitió el pasado 19 de diciembre en medio de las acusaciones de interferencias políticas en el rescate del atribulado banco Fortis. Los cinco partidos que componían el Gobierno de Leterme renovaron su acuerdo de coalición el martes tras una reunión de tres horas. Se espera que Van Rompuy retome el plan de su predecesor de luchar contra la recesión. También tendrá que afrontar las tensas relaciones entre Flandes, la región más rica y más poblada de Bélgica donde se habla holandés, y Valonia, la región del sur de mayoría francófona.

Van Rompuy, de 61 años y con una reputación tanto de intelectual como de duro en los presupuestos, es el tercer primer ministro que tiene Bélgica desde las elecciones generales de junio de 2007. Se espera que Bélgica caiga en recesión en el último trimestre de 2008, mientras que los bancos más importantes del país han tenido que ser rescatados por el gobierno, por lo que la lucha contra la recesión económica será el principal reto de Reynders. Su otra tarea será arreglar la debacle de Fortis, el banco cuya quieba y posterior intento de reflote provocó la caída del anterior primer ministro, Yves Leterme.

El gobierno de Leterme había previsto un paquete de medidas de 2.000 millones de euros para impulsar el crecimiento, incluyendo recortes fiscales, menores costes energéticos y acelerar proyectos de infraestructuras. Pero todo su gabinete junto con el propio Leterme tuvieron que dimitir después de que el Tribunal Supremo dijera que había claros indicios de interferencias políticas en una sentencia judicial sobre el rescate de Fortis.