La planta de Metsamor, ubicada a sólo 16 kilómetros de la frontera turca, fue construida en los 70 con tecnología soviética y las autoridades armenias pretenden prolongar su vida útil hasta 2026.
El ministro turco de energía, Taner Yıldız, pidió el viernes el cierre urgente de la central nuclear de Metsamor, ubicada en la vecina Armenia, expresando así la preocupación de las autoridades turcas por la seguridad de esta planta de fabricación soviética construida en los años 70 y situada en sobre una zona de elevado riesgo sísmico.
«La planta nuclear (de Metsamor), que fue puesta en marcha en 1980, ha tenido una vida útil de 30 años. Esta planta está caduca y debería ser cerrada de inmediato», apuntó Yıldız durante unas declaraciones hechas a periodistas desde la provincia turca de Iğdır, que hace precisamente frontera con Armenia.
El ministro agregó que el gobierno turco había enviado una solicitud oficial a la Organización Internacional de la Energía Atómica (OIEA) mostrando su preocupación sobre la situación de esta central nuclear, que las autoridades armenias anunciaron en septiembre de 2013 que mantendrían en funcionamiento más allá del año 2016 -fecha prevista inicialmente para su cierre- al menos durante otra década más. El objetivo del gobierno de Ereván es tener lista para entonces una nueva central atómica que sustituiría a la actual.
Yıldız recordó que la central de Metsamor se encuentra a sólo 16 kilómetros de la frontera con Turquía, y que es necesario llamar la atención de la comunidad internacional sobre el peligro potencial que representa para lograr su cierre definitivo. Turquía está construyendo en la actualidad sus dos primeras centrales nucleares con tecnología rusa y japonesa: una estará situada en la provincia mediterránea de Mersin, mientras que la segunda se ubicará en Sinop, en la costa del Mar Negro.
La planta nuclear de Metsamor, ubicada a unos 30 kilómetros de la capital armenia (Ereván), produce alrededor del 40% de las necesidades de electricidad de Armenia por lo que las autoridades argumentan que no pueden cerrarla, pese a que la propia Unión Europea la considera un peligro para toda la región del Cáucaso.
Tanto Turquía como Azerbaiyán han expresando con frecuencia su preocupación por la situación de esta central, que consideran no cumple los estándares mínimos de seguridad y que ya tuvo que ser cerrada durante varios años tras un terremoto que sufrió la zona en 1988.
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Pablo Gómez es especialista en Turquía y editor jefe de Hispanatolia desde 2011. Desde 2006 se dedica al análisis de la actualidad y la geopolítica de Turquía y su región.
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