En una conferencia de prensa ofrecida por los presidentes Abdullah Gul de Turquía, Hamid Karzai de Afganistán y Asif Ali Zardari de Pakistán después de la cumbre tirpartita realizada hoy en Estambul, Gul dijo que los tres países confirmaron que la lucha contra el terrorismo es su prioridad.
Tras describir la cumbre como sincera y fructífera, Gul señaló que los presidentes discutieron temas políticos, económicos y de seguridad relacionados con la región.
«Las comisiones de relaciones exteriores de los parlamentos turco, afgano y pakistaní se reunirán pronto. La cooperación militar será desarrollada aún más y cooperaremos en la lucha contra el tráfico ilegal de drogas», dijo el presidente turco.
Por su parte, Karzai dijo que las relaciones entre Afganistán y Pakistán han mejorado mucho desde la elección del presidente Zardari en septiembre.
Karzai dijo que las dos partes conversaron sobre nuevas medidas para frenar el extremismo islámico durante las conversaciones tripartitas y que prometieron cooperar en contra del terrorismo.
«Los ministros de relaciones exteriores de Afganistán y Pakistán están trabajando juntos en este momento y están desarrollando una estrategia conjunta en contra de Al Qaeda y otros grupos terroristas» , dijo Karzai.
Sobre las tensiones entre Islamabad y Nueva Delhi después de los ataques de la semana pasada en Mumbai, Gul dijo que las tres partes condenaron de manera conjunta los odiosos ataques y prometieron mejorar la cooperación en la lucha contra el terrorismo.
Zardari dijo que Pakistán está esperando pruebas concretas en relación con la sospecha de que un grupo militante con sede en Pakistán estuvo detrás de los ataques en Mumbai.
De acuerdo con el informe, después de la reunión trilateral se emitió una declaración conjunta en la que se indicó que los presidentes de Afganistán y Pakistán expresaron su disposición a seguir cooperando en todas las áreas para contribuir a la paz, la seguridad y la estabilidad en la región. Fin
OPINIÓN: Turquía y España, ¿cómo cooperar en Afganistán?
UN PROYECTO PARA AFGANISTÁN
por el Profesor FRANCISCO VEIGA
Hace cuatro años, el contingente militar español en Irak era un «eslabón débil», dado que, políticamente, España no podía permitirse encajar pérdidas elevadas participando en un conflicto que era muy impopular. Por razones que no se van a discutir aquí, Madrid continuó enviando tropas en misiones internacionales a zonas de crisis en el mundo islámico: Afganistán y el Líbano. La diferencia con lo ocurrido en Irak es que ahora el Gobierno sabe que, le guste o no, ha de estar preparado para encajar golpes de la insurgencia o el terrorismo. Retirar unilateralmente las tropas de alguno de esos puntos amenazadores puede resultar contraproducente para la seguridad del Estado, porque convertiría al resto de los contingentes, y a la población española en su conjunto, en el perfecto rehén del terrorismo islamista o de cualquier otro.
MÁS ALLÁ DE esa consideración, es de temer que, desde un punto de vista militar, nuestra posición en Afganistán sea insostenible a medio plazo. Argumentar que las tropas españolas permanecen en aquel remoto país para defender una red de centros de atención mé- dica y escuelas o para echar una mano en la habilitación de infraestructuras básicas resulta, como poco, escasamente realista. Todo ese tinglado flota en el aire sin beneficiarse del apoyo de unas instituciones administrativas locales que tampoco tienen claro el futuro de su país. Mientras decae irremisiblemente la estrella del presidente Karzai, ni militares extranjeros ni autoridades locales poseen un plan político claro al margen de consignas bienintencionadas. Analistas occidentales empecinados abogan por enviar más tropas allí, lo que equivale a más fuerza militar para defender un proyecto político que sigue sin existir. Así que, mientras en Madrid esperan a que lo elaboren otros, la opción parece ser mantener en zona de guerra unas tropas sin material pesado y que pueden convertirse en el pim pam pum de los insurgentes talibanes.
Y, sin embargo, el momento es apropiado para pensar que España podría contribuir, con ideas propias, al diseño de ese plan para Afganistán, en el marco de la Alianza de Civilizaciones, esto es, en colaboración con Turquía. En los últimos meses, el Gobierno de Ankara, que no termina de ver aplicaciones prácticas al proyecto, pretende encontrarlas en alguna forma de colaboración hispano-turca para abordar conjuntamente los problemas que suponen ETA y el PKK. Pero la Alianza de Civilizaciones no es un programa antiterrorista conjunto. Ante una idea tan escasamente práctica, cabe pensar que el Gobierno de Erdogan esté siendo mal asesorado desde sectores de la derecha laica, interesados en deteriorar las relaciones entre Madrid y Ankara.
En cambio, la experiencia turca resulta altamente valiosa para buscar una solución práctica para Afganistán. El mundo turco siempre ha sido un laboratorio de innovaciones políticas en torno al islam; posee un enorme conocimiento histórico del Asia central, y buenas relaciones allí. Prueba de ello es la privilegiada relación que tiene Turquía con Pakistán, por poner un ejemplo. Y ese país es precisamente una de las claves para el destino de Afganistán. Además, Ankara colabora con un contingente propio de soldados en la misión de la ISAF (la fuerza internacional de seguridad).
Turquía es un país con una política exterior muy compleja, dado que debe moverse en escenarios dispares. Por ello, no va a dar el primer paso para desarrollar por su cuenta ningún plan político para Afganistán. En cambio, la Alianza de Civilizaciones sí es el marco apropiado para vehicular los estudios, ideas y propuestas que pudieran hacerse al respecto. Madrid tendría una ocasión única para reflotar un proyecto que nació a raíz de la retirada de las tropas españolas de Irak, en el 2004, y que podría tener los días contados, desaparecido Bush de la Casa Blanca y restablecidas las buenas relaciones con Wa- shington a través de un presidente Obama que parece llegar con actitudes propias sobre las civilizaciones, sus choques y alianzas, si es que todo ello se puede enfocar así.
EN ESTOS tiempos, Ankara también necesita de alguna baza brillante al servicio de sus aliados en la OTAN y amigos en la Unión Europea. El Gobierno de Erdogan se ha atascando sine díe en una interminable guerra contra el PKK, bajo unas directivas estratégicas marcadas por los militares, que no sirvieron de gran cosa en la guerra de 1984-1999 y que ahora parecen llevar el mismo camino. Los oleoductos que pasan por el país están amenazados por el PKK, mientras el precio del petróleo no para de bajar, y Turquía como camino alternativo de los oleoductos desde el Caspio a Europa se devalúa en paralelo al acercamiento entre la UE y Rusia. Rematando todo el conjunto, el proceso de reformas que deberían llevar al país a la UE parece haberse atascado también.
En definitiva, los errores cometidos en Irak son responsabilidad histórica del presidente George W. Bush, y ello contribuyó precisamente a que Estados Unidos haga frente a una crisis de credibilidad internacional sin precedentes. En cambio, las responsabilidades en Afganistán están más distribuidas e implican no solo a los norteamericanos, sino también a los europeos y a la OTAN. Es decir, a nosotros también nos alcanzan.
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Editado y revisado por:

Pablo Gómez es especialista en Turquía y editor jefe de Hispanatolia desde 2011. Desde 2006 se dedica al análisis de la actualidad y la geopolítica de Turquía y su región.
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