artículo de opinión

OPINIÓN: Oportunismo político y traición ideológica

En los últimos días hemos podido ver la volatilidad de los principios y la ideología política tanto por parte del gobernante Partido de la Justicia y el Desarrollo, o AKP, y del opositor Partido Republicano del Pueblo, o CHP. Ambas formaciones han demostrado que nada en la política es fijo y que ningún partido es leal a unos principios cuando se acercan unas elecciones.

Empecemos pues por el AKP del Primer Ministro Recep Tayyip Erdoğan. Desde que llego al poder, el partido conservador de raíces islamistas se ha autoproclamado como el defensor de las libertades de los habitantes de Turquía, con el objetivo primordial de acercar al país a la Unión Europea. Así comenzaron unos años de reformas políticas para satisfacer a la UE. Sin embargo, tras ganar por segunda vez las elecciones generales, el 22 de julio del 2007, tal proceso de reformas se ha ralentizado y es posible que se haya parado. El electorado del AKP consistía principalmente en los habitantes de Anatolia, tanto de las ciudades como de los pueblos. Pero también un gran número de liberales votaron a Erdoğan, buscando en éste la senda del progreso que acercase el país a las democracias occidentales. Y tampoco hay que olvidar a los kurdos, que conforman la mayoría de la población en el sureste de Turquía, pues el AKP se ganó su voto con promesas de más derechos culturales e inversiones en la región. Pero aquel partido pseudo-liberal que proponía una “Turquía para los habitantes de Turquía” en vez de una “Turquía para los turcos” dio un giro a su política hace unas semanas, proclamando el Primer Ministro “ámala o déjala” en referencia a los kurdos. Aquellas declaraciones suscitaron muchas críticas, por su significado y por donde lo dijo, en el sureste del país.

Este giro nacionalista tiene un claro componente electoral, pues el AKP ya tiene el gran número de los votos de los sectores conservadores. Un ejemplo de esto es que el islamista Partido de la Felicidad, o SP, al que pertenecieron muchos políticos del AKP incluyendo a Erdoğan y al Presidente Abdullah Gül, no llegó al millón de votos en las últimas elecciones. Así pues, la estrategia del Partido AK es “robar” votos a partidos de un marcado carácter nacionalista como el Partido de Acción Nacionalista, o MHP, e incluso del propio CHP. No me cabe ninguna duda de que los altos cargos del AKP han estudiado este brusco giro, sin embargo este fervor nacionalista les puede llevar a perder un gran número de votos kurdos, favoreciendo al pro-kurdo Partido de la Sociedad Democrática, o DSP. (Sobre el cambio en la política del AKP ver: “¿El principio del fin del AKP?”).

Pese a todo lo dicho, no ha sido el electoralismo lo único que ha impulsado al Partido AK ha cambiar su política. En las mentes de los miembros del AKP aún está la sentencia que les tuvo en vilo durante meses. Muy cerca estuvo el partido de Erdoğan de ser clausurado, muy cerca estuvieron decenas de miembros del AKP, incluyendo al Primer Ministro, de ser apartados de la política durante cinco años. Teniendo esto en cuenta, con el miedo aún en el cuerpo, el Partido de la Justicia y el Desarrollo ha incrementado su tono nacionalista, a parte de para atraer a votantes de otros partidos para tranquilizar y satisfacer a los miembros más nacionalistas de la sociedad, incluyendo al omnipresente ejército. Pues no fue solamente las políticas de tinte religioso, como la famosa “ley del velo”, las que molestaron a los nacionalistas, sino aquellas reformas, entre otras, que proveían más derechos para los kurdos. Los sectores nacionalistas más intransigentes espolearon el proceso de ilegalización del AKP por esta razón, junto con la anteriormente mencionada de ataque al laicismo.

Hay que tener también en cuenta los vínculos cada vez más pronunciados del AKP con el caso de fraude y corrupción de Deniz Feneri, que están comenzando a dañar la reputación y prestigio de un partido que enarbola la causa de la transparencia contra la corrupción.

No obstante, no es el Partido de la Justicia y el Desarrollo el único que ha traicionado sus principios en busca de votos. El laico y opositor Partido Republicano del Pueblo parecer haber dado la espalda, o por lo menos su líder, Deniz Baykal, al secularismo característico de su partido.

En un acto celebrado recientemente, se pudo ver al septuagenario Baykal dando la bienvenida a un grupo de mujeres al CHP. Hasta ahí todo normal. ¿Pero que ocurriría si dijese que aquellas mujeres se cubrían la cabeza? Y no con el cada vez más típico türban o pañuelo islámico, sino con el chador, aquella prenda negra de origen iraní que cubre todo el cuerpo y sólo deja a la vista la cara. Pues sí, el intransigente Baykal estaba ahí posando para las cámaras sonriendo mientras ponía pins a aquellas mujeres. Increíble pero cierto.

¿Qué le ha pasado al CHP? Nada realmente, lo que ocurre es que se acercan las elecciones locales de marzo y hay que quitarle votos como sea al AKP y demás partidos conservadores, ¿pero a qué precio? Tras esta escena le han llovido las críticas a Baykal, tanto dentro como fuera de su partido. Por ejemplo, el columnista laico Tufan Türenç recordó a Baykal que el “CHP es el partido de Atatürk, no el de Baykal.”

Realmente da lástima que el partido fundado por Mustafa Kemal Atatürk y que tiene varias décadas de existencia se vea rebajado a ignorar su herencia e ideología para buscar votos que probablemente no obtendrá de todas formas. Por supuesto que seguramente la mayoría de los miembros del Partido Republicano del Pueblo se oponen a esto, pero es Deniz Baykal el que manda en el partido con mano de hierro, debido a la nula democracia interna del CHP. Cuando las elecciones de marzo hayan pasado Baykal seguramente vuelva por sus fueros denunciando todo lo que haga el AKP relacionado con la religión, pero hay que destacar el escaso, o nulo, buen hacer político que lleva años demostrando.

Pero por mucho cambio que propugne el CHP, es difícil pensar que éste tenga lugar mientras que Deniz Baykal continúe presidiendo el partido, como lo lleva haciendo durante aproximadamente una década. Es este inmovilismo y la política pasada de que representa Baykal moda la que condena al Partido Republicano del Pueblo a apenas superar el 20% de los votos. No es tan necesario un cambio en la ideología del CHP, sino un relevo en su liderazgo, pues Baykal hace un daño irreparable al partido.

Pero así es la política turca. Turquía lleva décadas esperando un nuevo estadista que dé un impulso al país, pero ya sea un “nuevo Atatürk” o el “hombre perfecto del Islam”, el deseado estadista no llega. El país ha tenido en las últimas décadas un gran número de políticos, desde Adnan Menderes a Recep Erdoğan, pasando por Süleyman Demirel, Mesut Yılmaz, Turgut Özal, Tansu Çiller, Bülent Ecevit… Pero no han sido más que eso, políticos, cuyo pensamiento se basaba, y se basa, más en ganar las próximas elecciones que en mejorar el país. Mejores o peores, todos han sido políticos, no estadistas. Pues como dijo Otto von Bismarck: “Los políticos miran hacia las próximas elecciones, los estadistas hacia las próximas generaciones.” No es por criticar a la clase política turca, pero sus luchas intestinas han causado daño al país, polarizado a la sociedad y apartado al ciudadano de la política. Esta traición ideológica no es más que una prueba más, ¿dónde está el AKP liberal? Tal vez haya desaparecido para siempre al haber descubierto que el nacionalismo da más votos que la tolerancia ¿dónde está el CHP laico? Está ahí, a la espera de que pasen las elecciones para volver a pronunciarse.

Mientras tanto algunos esperamos a aquel estadista, que independientemente del color político que tenga, mejore Turquía, la vida de sus ciudadanos y acerque el país a la UE. Puede ser que tarde décadas en llegar, o que nunca aparezca, pero no por ello hay que perder la esperanza.

İnşallah.