OPINIÓN: La prensa turca apenas podría sobrevivir una semana en Occidente

Si comparamos la prensa turca con la europea, grandes diferencias salen a la luz. La más importante y que merece una reflexión por parte de los medios es la discriminación e insultos que se pueden leer en la prensa turca dirigidos hacia los que piensan o son diferentes a los autores de dichos artículos. Dichas palabras denigrantes tienen que ver con la religión e ideología política de las personas.

En un país en el que se respeten los derechos humanos, dichas palabras no tienen cabida, pues prima un cierto grado de respeto por el diferente. Esos actos son propios de las dictaduras que condenan e insultan a todos los que piensan o son diferentes. En cualquier país europeo, los periódicos serían cerrados por incitar al racismo y a la discriminación. Según los principios de la prensa europea, los medios de comunicación turcos apenas durarían más de una semana.

Me estoy refiriendo a palabras cómo reaccionario, bigotudo, sectario, fanático y portadora de un oscuro burka negro. Tal vez lo peor de esto es el hecho de que la mayor parte de estas palabras tienen lugar en columnas en vez de en artículos de noticias. Son periodistas de una cierta edad y prestigio a los que poco les importa que se critiquen sus columnas. Es más, muchos creen que cuanto más duras sean las palabras que usen, más lectores tendrán. Sin embargo, uno creería que con la edad viene la moderación, la educación y la cortesía. Pero ese no es el caso.

Según una investigación llevada a cabo por Ekrem Dumanlı, columnista de Today’s Zaman, desde principios de año las palabras que he mencionado con anterioridad fueron usados 247 veces en 114 artículos desde principios del año. Los periódicos que fueron investigados son los rotativos Hürriyet (Libertad), Milliyet (Nacionalidad), Akşam (Tarde) y Vatan (Patria). Y sólo haciendo referencia a esas palabras, pues en el otro sentido la situación es parecida.

Algo debería hacerse para detener estos desafortunados actos. No obstante es muy difícil controlar todo esto, pues tampoco se debería ejercer ningún tipo de control ya que eso daría pie a la censura, que hay que evitar a toda costa. Habrá por lo tanto que apelar a la ética de los periodistas para que recuperen la profesionalidad que muchos parece que han perdido y que sobre todo lo demás, ideología, religión, raza, prime el respeto.