Confieso que cuando me entere del desplante que había hecho el primer ministro Erdoğan en el Foro de Davos, en un primer momento no supe bien cómo reaccionar. No todos los días uno ve a todo un primer ministro levantarse de una conferencia donde están presentes algunos de los principales dirigentes del mundo, y marcharse. Y aunque mi sorpresa poco a poco se fue tornando en admiración conforme pude ir viendo todas las imágenes de lo ocurrido, quise escuchar los argumentos de aquellos que enseguida se apresuraron a criticar el gesto de Erdoğan antes de hacer lo mismo y emitir una opinión precipitada. Mis opiniones y tendencias políticas difieren en muchos aspectos de las del primer ministro turco, pero eso no me impide huir de la crítica fácil y rápida, o ser objetivo en la medida de mis posibilidades y reconocer errores y aciertos por igual.
Creo que podemos considerar lo sucedido en Davos desde dos posturas que, seguramente, sean irreconciliables entre sí, teniendo en cualquier caso ambas su parte de razón. Una es la que defiende que la actuación de Erdoğan no se ajustó a las normas de la diplomacia y la política y a lo que se espera de un primer ministro de un país, y que con su gesto Turquía se posicionó del lado de los países árabes y se alejó de Occidente; la otra, defiende que el primer ministro turco simplemente reaccionó ante una injusticia cometida por el moderador del debate –quien no cortó al presidente israelí y sí repetidamente a Erdoğan- y ante las malas formas y el tono de Peres, y que su gesto sentó mal sencillamente porque habló con franqueza y dijo la verdad en un foro donde ambas cosas no están bien vistas y brillan por su ausencia. Cualquiera que se decante por una u otra postura, tendrá argumentos a favor y en contra.
Tomemos la postura que tomemos, hay varias cosas que merece la pena mencionar para evitar que tomemos una posición o que nos formemos una opinión erróneas de lo ocurrido. Lo primero que me resultó curioso fue observar cómo las ediciones digitales de la prensa turca opuesta al gobierno del AKP pasaron de elogiar el desplante de Erdoğan en los primeros momentos, a criticar de “electoralista” el gesto del primer ministro turco, como si éste hubiera estado meditando su actuación pensando en miles o millones de turcos viendo su intervención por televisión. Quizás quien afirma tal cosa no ha estado nunca en un debate, o no ha visto el video de la intervención de Erdoğan en Davos… O simplemente, está usando un argumento demasiado rebuscado con tal de criticar al primer ministro turco. Parece más que dudoso que Erdoğan fuese consciente, especialmente en el calor del debate, de la repercusión que iban a tener sus palabras en un foro que –seamos también nosotros sinceros- sólo atrae la atención de políticos, empresarios de alto standing y prensa económica especializada o que busca la noticia en tanta acumulación de la “jet-set” mundial. Aparte de eso, el Foro Económico Mundial de Davos –a quien muchos acusan no sin razón de “elitista” y de carecer de sentido y legitimidad- no era más que un titular en las hojas de economía de algún periódico para la gente normal y corriente… Eso, hasta que la respuesta de Erdoğan a Peres y su desplante a Davos llenó las portadas de medio mundo.
Se puede estar de acuerdo o no con lo que hizo el primer ministro turco, pero cualquiera que vea el video comprobará que no está actuando y que su reacción es completamente espontánea. Además de estas acusaciones, la prensa turca anti-AKP -que va a criticar a Erdoğan haga lo que haga- llegó a publicar incluso el análisis de algún psicólogo (que a mí me pareció más una opinión política de un psicólogo disfrazada de análisis…) en el que aseguraba que los gestos del primer ministro denotaban \»inseguridad\» y complejo de inferioridad….. Curiosamente, todo hay que decirlo, la línea editorial de los medios turcos contrarios al AKP comenzó de nuevo a suavizar su discurso contra la actuación de Erdoğan en Davos una vez se publicaron las primeras encuestas y se supo que el 80% de los turcos respaldaban lo hecho por el primer ministro, y apenas un 10% se mostraba en contra.
Mi pregunta ante todas estas reacciones es clara y directa: ¿alguien ha visto el video de la intervención del presidente israelí Shimon Peres? ¿Alguna de estas personas ha visto el video de la intervención previa del mandatario israelí, que originó la respuesta del primer ministro turco? Les invito a que la vean, búsquenla en Internet… Y luego juzguen ustedes mismos. Personalmente, he de decirles que mi opinión sobre lo ocurrido en Davos cambió radicalmente tras ver ambos videos en el portal de la cadena de noticias turca CNN Türk. No creo que Erdoğan mostrase ningún \»complejo\» al responder a Peres, sino más bien firmeza, responsabilidad, y claridad de ideas; y en todo caso, cabe pensar qué habría hecho cualquiera de nosotros viendo la intervención de Peres y el tono, las formas, las palabras, las miradas, los gestos de todo tipo y las maneras que tuvo hacia el primer ministro turco, sentado justo a su derecha. De hecho, lo extraño -y quizás lo más prudente- es que el primer ministro turco se limitase a contestarle sin alzar también él mismo el tono de voz y adoptar las mismas formas que había tenido minutos antes el mandatario israelí. La perspectiva sobre lo ocurrido en Davos cambia radicalmente si sólo se ve la intervención de Erdoğan sacada de contexto, a si se observa atentamente lo que pasa justo antes, durante y después de la intervención del dignatario turco. La intervención de Erdoğan aparece entonces no como todo un desacato a un sorprendido Peres, sino como la forma más educada que pudo encontrar en ese momento el primer ministro Erdoğan para responder a un Peres cuya intervención, gestos y formas dejan bastante que desear: como diplomático, como presidente, como premio Nobel y como orador en un debate público ante un foro internacional.
No se trata de demonizar a Peres, pues de humanos es errar y en realidad en Davos posiblemente todos cometieron errores. El presidente israelí sin duda se sintió atacado en su persona y su país (sus palabras y sus gestos así lo delatan), y seguramente estaba muy tenso por las críticas y acusaciones que le han llovido a Israel por su ofensiva en Gaza, con advertencias de la ONU y amenazas de llevar a sus soldados ante los tribunales por Crímenes contra la Humanidad… Pero los análisis de comportamiento y las críticas deberían ir, antes que a nadie, al presidente israelí Shimon Peres, quien por cierto, no articula una sola palabra a partir de la respuesta de Erdoğan y prácticamente llamó de inmediato al primer ministro turco para disculparse por lo ocurrido, asegurándole que había elevado su tono \»porque creía que no le oían\»……. Todo eso sí sería objeto de un buen análisis, y denota el hecho de que Peres era consciente de que era él quien se había excedido con el canciller turco… Por mucho que la diplomacia israelí haya querido luego maquillar la llamada de Peres -que por suerte Erdoğan grabó- negando que se disculpara y volcando las culpas sobre el primer ministro turco, y por mucho que el todopoderoso lobby judío estadounidense haya vuelto a acusar a Erdoğan de \»anti-semita\»………….
A este respecto, creo que habré oido, sólo en el último mes, más de una veintena de veces no sólo al primer ministro turco sino a varios ministros de su gobierno decir que las críticas de Turquía no han ido ni irán ni contra los judíos ni contra el pueblo de Israel, sino contra el gobierno israelí que ordenó la sangrienta ofensiva sobre Gaza que causó más de 1.300 muertos y 5.000 heridos, la mayoría de ellos civiles y sobre todo, niños. Incluso al día siguiente de irse de Davos, Erdoğan volvió a repetir ese mismo mensaje ante la prensa y ante miles de personas que acudieron a recibirle a Estambul, y dijo explícitamente que el anti-semitismo era un \»crímen contra la Humanidad\» y que cualquiera que molestase o quisiese hacer daño a un sólo ciudadano judío de Turquía le tendría \»enfrente de su camino\»… Pero parece que para determinados grupos de presión resulta más fácil buscar \»cabezas de turco\» -nunca mejor dicho- y ver fantasmas donde no los hay… hacerse las víctimas permanentes, y oir sólo lo que se quiere oir. Hace unos días un periódico israelí incluso publicó que se había quemado una sinagoga en la ciudad de Bursa, y tuvo que ser la propia comunidad judía turca quien emitiera un comunicado desmintiéndolo para que quedase claro no sólo que en Turquía no se persigue a los judíos, sino que estos han gozado de una gran tolerancia y libertad desde que huyeron de toda Europa -y de la España de los Reyes Católicos- hace más de 500 años y se refugiaron en el que entonces era el Imperio Otomano.
No podemos olvidar tampoco al desastroso moderador del debate -David Ignatius-, a quien se ha acusado de ser por partes iguales armenio, judío, anti-turco, o anti-Erdoğan; lo cierto es que este veterano columnista del Washington Post no es probablemente nada de eso. Simplemente, su papel como moderador fue nefasto. No sólo no respetó los tiempos previamente pactados para la intervención de los cuatro participantes en el debate, permitiendo al presidente israelí prácticamente doblar el tiempo establecido sin una sóla interrupción; sino que tras la airada intervención de Peres contra Erdoğan, el primer ministro turco hubo de insistirle varias veces para que le dejara -por obvias alusiones- un sólo minuto para responder a las palabras que le acababa de dirigir el mandatario israelí; y aun así, conté en el video al menos tres interrupciones de Ignatius, quien poniéndole la mano en el hombro al primer ministro de Turquía como si de un viejo colega se tratase, no dudó en cortarle repetidamente argumentando que había llegado la hora de \»irse a cenar\» (esto es cierto, pueden comprobarlo)… No sé si alguno de ustedes habrá tenido oportunidad de estar en un debate, yo he podido estar en unos cuantos… Y les aseguro que no hay nada más frustrante que un moderador que no sabe cuál es su papel, y que no entiende cuándo debe hablar… y cuándo callarse.
Por último, se ha acusado al primer ministro turco Recep Tayyip Erdoğan y a su partido AKP -que gobierna con clara mayoría en Turquía desde 2002- de estar intentando alejar al país de Occidente y de que la salida de Erdoğan de Davos no ha sido más que otra nueva señal de esta política que, supuestamente, quiere llevar a Turquía a un régimen islámico más cercano a los ayatolás de Irán que a los despachos de Bruselas. Hace poco llegó incluso a mis manos un artículo del director adjunto del diario español ABC, en el que le atribuía al primer ministro turco la organización de una manifestación en Estambul el pasado 4 de enero contra Israel (que en realidad organizó el Saadet Partisi, un partido islamista que no llega al 2% de los votos y que ni siquiera tiene representación parlamentaria) y de haber proclamado allí \»la muerte del Estado judío\»……
Aparte de las críticas más o menos intencionadas con tal de denostar a Erdoğan, ya sea por que no comulge con los principios más intransigentes del kemalismo político y su esposa lleve velo islámico (en el caso de la prensa turca anti-AKP) o porque sea \»compañero de viaje\» en la iniciativa de la Alianza de Civilizaciones junto con el presidente del gobierno español Rodríguez Zapatero (en el caso de ABC), lo cierto es que afirmar que el AKP o el primer ministro Erdoğan pretenden alejar a Turquía de Occidente supone, en primer lugar, desconocer la realidad histórica, geográfica, cultural y política de Turquía; y en segundo lugar, ignorar el hecho de que el AKP ha hecho más por introducir reformas democráticas en Turquía y por acercar el país a la Unión Europea en los últimos seis años que todos los gobiernos anteriores desde que Turquía manifestase por primera vez su interés por entrar en el club europeo allá por 1963.
El discurso del miedo no es nuevo, ni entre la prensa y los políticos occidentales opuestos a la entrada de Turquía en la Unión Europea, ni entre la oposición al AKP; pero paradójicamente esa oposición que le acusa de querer convertir a Turquía en un estado islámico y alejarla de Occidente es la que continuamente se opone a las reformas exigidas por la UE y la que obstaculiza todo intento de introducir mejoras democráticas que acerquen al país a los estándares occidentales. No sólo es rotundamente falso que Erdoğan pidiera la \»muerte\» de Israel; sino que además sería absurdo cuando Turquía es el primer aliado estrategico, politico, militar y economico de Israel en la región, y no sólo hay decenas de miles de ciudadanos turcos que son judíos, sino que miles de israelíes veranean o tienen negocios en Turquía… Prueba de ello es que ambos países han mantenido, antes y después de lo ocurrido en Davos, intensos contactos diplomáticos a todos los niveles para tratar de recuperar unas relaciones que siempre fueron excelentes, y que se vieron seriamente dañadas cuando la ofensiva israelí sobre Gaza causó no sólo la indignación del mundo entero, sino el fin del diálogo sirio-israelí, que tantos arduos esfuerzos había costado a la diplomacia turca y cuyo papel mediador quedó cuestionado inmediatamente por el mundo árabe, que al igual que pasa aquí, siempre ha acusado a Turquía de estar \»alejándose de Oriente\»… Menuda paradoja.
Turquia es, en todos los sentidos, un país puente entre Oriente y Occidente, mantiene diálogo con uno y otro lado, sin que eso signifique que vaya a adoptar el regimen de los ayatolás o las costumbres saudíes (que en Turquía causan risa o estupor, segun el caso). De ahí el importante valor estratégico de Turquia y el papel clave que jugó durante el reciente conflicto en Gaza, donde era el único interlocutor capaz de dialogar a la vez con Siria, Jordania, Egipto, Arabia Saudí, Israel, la UE, Hamas y Fatah. Desde luego que habrá grupos como Hamas que usarán el gesto de Erdoğan en Davos para hacer demagogia ante sus fieles y asegurar que está de su lado, es algo que resulta inevitable; pero eso no convierte a Turquía ni a su primer ministro en aliados de Hamas, de la misma forma que el grupo islamista palestino proclamó la \»victoria\» ante sus fieles en Gaza tras la tregua unilateral de Israel sin que ello significase que detener la ofensiva sobre la Franja fuese un error, o que el Estado hebreo fuese precisamente un aliado de Hamas.
Seguramente Erdoğan no fue demasiado diplomático en Davos. Pero lo fue aún menos Peres, sin que le hayan llovido críticas similares desde los detractores tanto del AKP como de Turquía. Puede incluso que, a veces, la diplomacia esté reñida con la franqueza, y que esta fuera una de esas ocasiones. Quizás por esa misma razón, los mayores elogios a la actuación del primer ministro turco en Davos no han venido de diplomáticos o políticos, sino de los ciudadanos de a pié, quienes no sólo en Turquía o en el mundo árabe, sino desde todos los países y rincones del globo, han colmado los foros y las páginas web de la prensa turca e internacional de comentarios mayoritariamente a favor de las palabras y el desplante de Erdoğan en el Foro Económico Mundial. Quizás no porque comulguen especialmente con el primer ministro turco, sino porque ese día vieron a un político diciendo lo que ellos hubiesen querido decir. Quizás porque la gente esté a menudo cansada de demasiada diplomacia y poca honestidad. Quizás porque la política a veces aparezca demasiado lejana, y sean momentos como estos los que la acerquen a la gente de la calle.
Sí, seguramente Erdoğan fue poco diplomático en Davos… Pero seguramente si hubiera hecho otra cosa no hubiera sido Erdoğan, ni el primer ministro de su país, ni un ciudadano turco orgulloso de serlo… Ni tampoco noticia, seguramente. El hecho es que, veamos como veamos la cuestión, la diplomacia falló en Davos. Seguramente porque antes no se había hecho lo suficiente para calmar tensiones: probablemente porque no se pudo hacer; porque como ocurre tantas veces, no nos damos cuenta de lo que podemos perder hasta que estamos a punto de perderlo. Ahora que Israel y Turquía son conscientes de lo que pueden perder… Ahora, después de Davos, es el momento de nuevo de la diplomacia.
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Como gran aficionado a la historia que es, a Pablo Gómez le cautivó Turquía desde el primer día que la visitó en 2006: allí se casó, allí tiene una casa, y desde entonces se ha convertido en todo un experto en la actualidad de Turquía. Con una larga experiencia en medios de comunicación, está al frente de Hispanatolia desde 2011.





