Analistas y grupos de minorías religiosas de Turquía califican de »históricas» las palabras del primer ministro turco.
El primer ministro turco Recep Tayyip Erdoğan criticó duramente el rechazo de la oposición a que compañías extranjeras trabajen en el desminado de las fronteras turcas calificando de «fascista» el rechazo que en determinados momentos de la historia de Turquía ha existido hacia otras etnias y minorías religiosas del país, unas palabras que analistas y miembros de minorías religiosas de Turquía han calificado de «históricas«.
«Esta mentalidad parece no haber cambiado. Ha seguido igual durante muchos años en este país. Han perseguido a miembros de otras etnias de este país hasta expulsarlas. ¿Hemos conseguido algo? Eso fue el resultado de una mentalidad fascista», dijo Erdoğan durante un discurso pronunciado este sábado en la ciudad noroccidental de Düzce, situada al oeste del Mar Negro.
«El capital no tiene religión, ni nacionalidad, ni raza», agregó el primer ministro turco, quien reconoció que su partido AKP había cometido también errores similares en el pasado en relación a la reticencia a permitir que empresas extranjeras invirtieran en Turquía.
Las palabras de Erdoğan llegaron en respuesta a las críticas vertidas por los partidos de la oposición parlamentaria, el CHP y el MHP, que dijeron que Turquía estaría en peligro si se contratase a empresas extranjeras para proceder al desminado de las fronteras del país. «Nuestros vecinos han comenzado a desminar su lado de las fronteras, y Turquía también. Una propuesta sobre el desminado (de las fronteras de Turquía) ha estado esperando ser aprobada en el parlamento más de dos semanas. La oposición está bloqueando los intentos (de aprobarla) sin proponer una alternativa, estamos perdiendo tiempo», aseguró Erdoğan.
El Ministro de Defensa Vecdi Gönül anunció la pasada semana que Turquía había acelerado los preparativos para desminar sus fronteras con Bulgaria y Georgia, precisamente cuando ya se ha puesto en marcha el desminado de los 877 kilómetros de frontera entre Turquía y Siria. Las negociaciones en la Gran Asamblea Nacional Turca (parlamento) para aprobar el desminado de las fronteras se han visto sin embargo obstaculizadas por las críticas vertidas por los principales partidos de la oposición parlamentaria, que se muestran reacios a que empresas extranjeras sean contratadas para estos trabajos. Varias compañías israelíes han ofrecido precios muy competitivos para optar a un contrato estatal, y poseen una amplia experiencia en el campo; sin embargo, CHP y MHP se muestran reacios a conceder el contrato de desminado a empresas israelíes.
El primer ministro turco quiso rechazar por completo las preocupaciones acerca de que la seguridad del país pudiera estar en peligro si se encargase a una empresa extranjera el desminado de las fronteras. «¿Es así de simple? Quiero decir, preocuparse porque Turquía pueda estar en peligro sólo porque empresas que inviertan en Turquía estén regidas por personas de otras religiones… Si no pueden superar tales preocupaciones, entonces no confían en sí mismos. Déjenme que deje mi punto de vista muy claro: un país que no confía en sus propias ideas, no puede hablar sobre la libertad de ideas», dijo Erdoğan, quien destacó que los trabajos de desminado permitirían aumentar las oportunidades de empleo en el actual momento de crisis.
Por su parte el vice primer ministro Bülent Arınç criticó al Partido Republicano del Pueblo (CHP) y al Partido del Movimento Nacional (MHP) diciendo que en sus comentarios sobre el polémico desminado de las fronteras prácticamente estaban acusando al gobierno de traición. Arınç subrayó además que el proceso de desminado en las fronteras del este y sureste del país permitirían destinar nuevas tierras al cultivo y mejorar la situación económica de la región.
Discurso histórico
Para varios analistas turcos, el discurso del primer ministro turco realizado este sábado en Düzce puede calificarse de histórico al ser la primera vez que una autoridad turca acepta el hecho de que ha habido prácticas ilícitas y anti-democráticas en el pasado contra minorías del país.
Las palabras de Erdoğan parecen hacer referencia a los acontecimientos acaecidos en Estambul durante el 6 y 7 de septiembre de 1955, cuando numerosas viviendas y tiendas pertenecientes a ciudadanos turcos de origen griego fueron saqueadas por una multitud enfurecida después de que se propagase el falso rumor de que la casa natal de Atatürk en Tesalónica (Grecia) hubiera sido incendiada. Tras aquellos sucesos, muchos griegos que residían desde incontables generaciones en Estambul decidieron abandonar la ciudad y emigrar a Grecia. Aunque desde entonces aquellos sucesos han sido reconocidos y criticados por expertos y analistas en varias ocasiones en diversos ámbitos, ésta es la primera vez que un primer ministro habla de la cuestión abiertamente criticando la mentalidad imperante en aquella época que condujo a aquella triste jornada.
«Este es un discurso histórico. El primer ministro criticó la historia en nombre del Estado», declaró Rıdvan Akar, editor jefe del noticiario turco «32. Gün» («32º Día») en declaraciones al diarito Vatan. «El discurso del primer ministro revela que (el gobierno) está esforzándose por eliminar los obstáculos a la democracia» dijo Kezban Hatemi, un abogado turco, en declaraciones al diario turco Hürriyet.
Aunque varios miembros y representantes de la comunidad griega en Turquía han calificado de muy importantes las palabras del primer ministro Erdoğàn, piden no obstante que estas se traduzcan en nuevos cambios y mejoras. «Las palabras por sí solas no resuelven los problemas que afrontan las comunidades religiosas en Turquía» declaró Mihail Vasiliadis, responsable del periódico Apoyevmatini, un rotativo en lengua griega publicado en Estambul.
Más de 600.000 minas en la frontera con Siria
Las autoridades turcas estiman que la limpieza de minas sólo en la frontera con Siria podría costar entre 400 y 1.600 millones de dólares. Turquía está obligada a eliminar las minas terrestres para 2014 de acuerdo a un tratado internacional firmado en Ottawa (Canadá) en 1993.
La zona en cuestión comienza en la provincia mediterránea de Hatay y continúa hacia el este pasando por Kilis, Gaziantep, Şanlıurfa, Mardin y termina en Şırnak, en el extremo sureste de Turquía ya próximo a la frontera iraquí. Se trata de un área de más de 178 kilómetros cuadrados que se extiende a lo largo de 510 kilómetros y que se estima podría contener unas 600.000 minas terrestres.
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Editado y revisado por:

Pablo Gómez es especialista en Turquía y editor jefe de Hispanatolia desde 2011. Desde 2006 se dedica al análisis de la actualidad y la geopolítica de Turquía y su región.
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