El presidente iraquí, Jalal Talabani, declarado clínicamente muerto

La prensa francesa asegura que el mandatario iraquí habría entrado en muerte cerebral, despertando la incertidumbre sobre el futuro político de Irak.

 

El presidente iraquí Jalal Talabani, que se encuentra ingresado en un hospital de Alemania desde mediados de diciembre tras haber sufrido un ataque cardíaco, habría sido declarado clínicamente muerto y estaría siendo mantenido con vida artificialmente, según informaron el sábado varios medios de comunicación en Turquía citando fuentes del diario francés Le Figaro.

Talabani, que ingresó el pasado 18 de diciembre de urgencia en un hospital de Bagdad debido a problemas cardíacos causados por la fatiga y el estrés, habría sido diagnosticado con muerte cerebral por los médicos que le atienden en el hospital universitario La Charité – Universitätsmedizin de Berlín -uno de los más grandes de Europa-, quienes según asegura el rotativo francés habrían afirmado que el estado de salud del político iraquí era irrecuperable cuando llegó a Alemania.

Por ahora no hay confirmación oficial desde el gobierno de Bagdad acerca del estado de Talabani, de 79 años de edad y líder de la Unión Patriótica del Kurdistán, que ha sufrido varios problemas de salud en los últimos años y se ha sometido a varios tratamientos tanto en Estados Unidos como en Europa.

La muerte de Talabani, o su incapacidad para mantenerse en el cargo en el caso de que sobreviviese, podría provocar una lucha por su sucesión en Irak en un momento en que el país atraviesa una delicada situación política, con protestas de la minoría sunní y un serio enfrentamiento que amenaza con derivar en una guerra civil abierta entre el gobierno autónomo kurdo del norte y el gobierno central de Bagdad, principalmente por la disputa territorial en torno a la posesión de la ciudad petrolera de Kirkuk.

Talabani, que es de origen kurdo, ha actuado como mediador en numerosas ocasiones entre ambos gobiernos, la última poco antes de ser hospitalizado, cuando soldados iraquíes y tropas peshmerga de la administración autónoma kurda enviaron numerosos refuerzos a la frontera entre ambas divisiones territoriales y estuvieron a punto de enfrentarse en una peligrosa escalada bélica que podría desestabilizar el país sólo un año después de la retirada de las últimas tropas estadounidenses.