3 años después de su llegada al poder y de la evacuación caótica y apresurada de las potencias occidentales de Afganistán, los talibanes organizaron este miércoles un desfile militar en Kabul, pese a que gobernar un país con una economía hundida y dependiente de la ayuda exterior, y sin haber conseguido el reconocimiento internacional de ningún otro Estado.
Según informaron agencias, en el desfile -al que asistieron diplomáticos chinos e iraníes– organizado en la antigua base militar estadounidense de Bagram participaron tanques de la era soviética y vehículos blindados de facturación norteamericana abandonados por la coalición de países que una vez sostuvo al corrupto expresidente afgano Ashraf Ghani, además de un gran número de modestas motocicletas con bidones, que durante la lucha contra las fuerzas de la coalición internacional se usaban para cometer ataques con bombas caseras. Todo ello adornado con la nueva bandera del ahora llamado Emirato Islámico de Afganistán.
El primer ministro afgano Hassan Akhund finalmente no asistió a la ceremonia, pero en un comunicado leído por el jefe del ejército alabó a los talibanes por su victoria sobre las “fuerzas de ocupación de Occidente”, cuando la insurgencia talibán ocupó la capital el 15 de agosto de 2021 tras la huida al exilio de los principales líderes del gobierno apoyado por EE.UU. y sus aliados. Una de las razones por las que Akhund podría haber decidido no asistir es la preocupación por la seguridad, que ha tenido que reforzarse en Kabul debido a los crecientes ataques del Daesh, grupo que proclama una aplicación aún más radical de la Sharia.
3 años después de la llegada de los talibanes al poder, su gobierno sigue sin ser reconocido por ningún otro Estado y las mujeres han quedado apartadas de la vida política y social en grandes ciudades como Kabul, si bien en la mayoría del resto del país nunca dejaron de estarlo, incluso durante los años de fuerte presencia militar internacional.
En el plano económico, aunque los talibanes han mejorado la recolección de impuestos y la corrupción ya no es rampante, Afganistán sufre una grave crisis económica que ha disparado los precios de los alimentos; 1 de cada 3 habitantes de los 40 millones que tiene Afganistán depende de la ayuda exterior para alimentarse, el desempleo es masivo, y la economía está paralizada y se prevé que continúe así durante años. Pese a tener una enorme riqueza mineral y un gran potencial agrícola, el país se enfrenta a la falta de infraestructuras e inversiones y a una carencia grave de expertos.
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Pablo Gómez es especialista en Turquía y editor jefe de Hispanatolia desde 2011. Desde 2006 se dedica al análisis de la actualidad y la geopolítica de Turquía y su región.
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