Algo menos de dos años ha durado Ahmet Davutoğlu como primer ministro de Turquía. Su reticencia ante el creciente poder que ejerce Recep Tayyip Erdoğan sobre el ejecutivo, algo que va en contra de su papel como Presidente de la República, y su oposición al deseo del jefe de Estado de cambiar el sistema parlamentario imperante por uno presidencialista, le ha terminado por costar su puesto al frente de su partido y, por lo tanto, del gobierno.
Es un secreto a voces que quien maneja los hilos en el Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP por sus siglas en turco) es el presidente Erdoğan. En una demostración de fuerza, Erdoğan ha forzado sin miramientos la salida del secretario general del partido y primer ministro turco Ahmet Davutoğlu. De esta forma se acaba un idilio que comenzó allá por 2009, cuando el entonces primer ministro Erdoğan nombró a Davutoğlu, hasta entonces un académico en materia de relaciones internacionales, ministro de Asuntos Exteriores.
Con su llegada a la presidencia del país, el propio Erdoğan escogió que Davutoğlu fuese su sustituto al frente del AKP y, por ende, del gobierno turco. La jugada estaba clara: Davutoğlu ejercería de marioneta para que Erdoğan siguiese manejando los hilos del ejecutivo desde su flamante palacio presencial, el notorio Ak Saray. No es casualidad por lo tanto que como presidente, Erdoğan se involucrase en los consejos de ministros significativamente más que sus predecesores, influenciando la línea a seguir por el gobierno, o al menos eso se rumoreaba desde los pasillos del poder.
Sin embargo, no conforme con ser un mero títere, Davutoğlu comenzó a disentir del papel jugado por Erdoğan que minaba su puesto como primer ministro. Gradualmente se fue haciendo patente el distanciamiento entre ambos, llegando a estar en desacuerdo sobre el encarcelamiento de académicos y periodistas, a lo que Davutoğlu se oponía, y el proceso de paz con la guerrilla kurda, que Erdoğan rechazaba. Pese a ello, el modo en el que se ha producido la precipitada salida del primer ministro ha llamado la atención a los analistas.
A finales de abril, con el primer ministro de visita oficial en Qatar, el Comité Central y la Junta Directiva del AKP, dominada por partidarios de Erdoğan, retiraba la autoridad a Davutoğlu para designar a los responsables provinciales del partido. El 3 de mayo el primer ministro declaraba que, si fuese necesario, renunciaría “a todo cargo que cualquiera pensaría que un mortal no podría dejar”. El 4 de mayo tenía lugar una reunión de algo más de hora y media en el palacio presidencial entre Erdoğan y Davutoğlu. El 5 de mayo, Davutoğlu anunció finalmente que no concurriría como candidato a la secretaría general del AKP en el congreso del partido que tendrá lugar el 22 de mayo.
Davutoğlu, un político sin el gran carisma de su predecesor y que fue incapaz de formar gobierno tras las primeras elecciones celebradas en junio del año pasado, defendió en su discurso de renuncia su labor al frente del ejecutivo. No dudó en decir que su dimisión “no es mi decisión, sino una necesidad”. Mientras tanto, Erdoğan contestó al anuncio de Davutoğlu con un lacónico: “Le deseo lo mejor. Es la decisión propia del primer ministro”.
A Erdoğan le acabó saliendo mal su apuesta por su Medvedev personal y terminó por defenestrarlo. Lo que está claro es que el sucesor de Davutoğlu, que a todas luces será puesto a dedo por el presidente aunque se enmascare en el congreso del AKP, será más dócil y aceptará sin reticencia la influencia de Erdoğan y su deseo de convertir Turquía en una República presidencialista, su gran ambición para perpetuarse en el poder y poder manejar sin tapujos todos los resortes del mismo.
Se abren ahora las quinielas sobre quién será el elegido para suceder a Davutoğlu. Entre los favoritos se encuentran Binali Yıldırım, ministro de Transporte, Berat Albayrak, ministro de Energía casado con la hija mayor de Erdoğan, Yalçın Akdoğan, viceprimer ministro, Numan Kurtulmuş, también viceprimer ministro, Bekir Bozdağ, ministro de Justicia, Mehmet Müezzinoğlu, ministro de Sanidad, y Mehmet Ali Şahin, vicepresidente del AKP. Hagan sus apuestas.
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