Ankara y la Casa Blanca intentan impedir que el Congreso reconozca el genocidio armenio

Ankara y el gobierno estadounidense están presionando a los legisladores del país para impedir una resolución que reconozca como un genocidio la muerte de miles de armenios durante la I Guerra Mundial, y que tiene previsto votarse la semana próxima, por temor a que suponga un golpe a las relaciones entre Washington y Ankara de cara al conflicto en Afganistán.

La tensión se ha incrementado tras la conversación telefónica mantenida entre el primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan y el presidente estadounidense, George W. Bush. Turquía considera que, en este caso, la Cámara de Representantes es una insititución que no está preparada para arbitrar una disputa histórica de esta magnitud y ha propuesto la creación de una comisión internacional de expertos a tal efecto.

A pesar de que la medida, de ser aprobada, tendría sólo un resultado simbólico, la Casa Blanca teme un deterioro de las relaciones con Turquía, que el año pasado rompió lazos militares con Francia después de que el Gobierno del entonces presidente Chirac condenara como delito la negación del genocidio del pueblo armenio.

De repetirse la condena, Estados Unidos teme que el Gobierno de Ankara decida suspender las rutas desde Turquía hasta Irak o Afganistán, y ordene el cierre de la base estratégica de Incirlik, empleada por las fuerzas militares norteamericanas.

El portavoz de la Casa Blanca, Gordon Johndroe, declaró que si bien el presidente Bush considera que el incidente en Armenia es una de las grandes tragedias del siglo XX, determinar los eventos constituye, no obstante «una cuestión de investigación histórica, no legislativa».

Los grupos de presión armenios en Estados Unidos intentan desde hace años que el Gobierno estadounidense considere las muertes de decenas de miles de armenios durante los últimos días del imperio Otomano como un «genocidio organizado».