artículo de opinión

OPINIÓN: Qué pena de oposición…

¿Cuál es el objetivo de la oposición en una democracia? En Teoría, sería el de ayudar constructivamente, criticando y respaldando, al partido gobernante para mejorar la situación del país y la vida de sus habitantes. En Teoría. No sé donde queda ese “país” llamado Teoría pero estoy seguro que está en el polo opuesto de otro llamado Turquía. Aquí, en el país euroasiático, la oposición no hace más que boicotear y criticar al gobierno, algunas veces con razón, otras sin un ápice de ella. Ahora, a septiembre del año 2008 me refiero al Partido Republicano del Pueblo (CHP) y al Partido de Acción Nacionalista (MHP).

Turquía es un país que no se ha caracterizado, en mi punto de vista, por grandes políticos y estadistas en los últimos años, y el nivel de sus políticos se encuentra bajo mínimos. Estamos hablando tanto de los gobernantes como de los opositores, pero en este caso no centraremos en los últimos. Conocido es el odio que se profesan el Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) y el Partido Republicano del Pueblo, o mejor dicho, el odio que se profesan sus dirigentes que día tras día se critican con duras palabras. Esto desgraciadamente está polarizando cada vez más a la sociedad. Esta situación no se diferencia mucho de otros países. Sin embargo, entre la inamovible oposición del CHP se encuentra su negativa a secundar las reformas para acercar a Turquía a la Unión Europea, la enmiendan al tristemente célebre Artículo 301 y la reducción de la también famosa barrera del 10%.

Hablando de la barrera del 10%, ¿acaso tienen miedo los dirigentes del CHP y del AKP a su reducción? Nihat Ergün, parlamentario del Partido AK, ya dijo que su intuición es que fuese reducida al 5% o al 7%. Esta reducción podría solventar algunos de los problemas que vive Turquía ya que más partidos estarían representados y por lo tanto se acercaría a la voluntad de la nación turca [ver: “…Y el culpable es la barrera del 10%”]. ¿Temen los dos grandes partidos opositores a las reformas democráticas? ¿O acaso ven con malos ojos que más partidos entren en el parlamento, haciéndoles más prescindibles para el gobierno? Me gustaría inclinarme por lo segundo.

El septuagenario Baykal, que lleva ya varios años a la cabeza del CHP, parece oponerse a cualquier iniciativa que proponga el gobierno de Erdoğan, simplemente por tratarse del AKP. “¿Qué el AKP quiere acercarse a Europa? Pues nosotros nos alejamos. ¿Qué el AKP quiere mejorar las relaciones con Armenia? Pues nosotros no.” Así se podría resumir la política del CHP últimamente, pareciéndose a un niño pequeño al que la han quitado su caramelo, el poder, y por ello se enrabiieta. Es cierto que no todo han sido errores, pues para mí hizo bien en oponerse al levantamiento de la prohibición del velo en las universidades, pero aparte de eso ha hecho poco más. ¿Dónde quedaron los años en los que el CHP estaba a la vanguardia del progreso? Quedaron atrás hace muchos años. Ahora Deniz Baykal domina el partido a su antojo, haciendo de su enemistad personal con Erdoğan y Gül la política del CHP.

¿Y qué decir del oportunista MHP? Se alió con el AKP para aprobar en la Gran Asamblea Nacional el levantamiento de la prohibición del velo, pero cuando se trata de acercase a la UE y a Armenia o de hacer que el país progrese en lo referente a las libertades, ahí el partido de Devlet Bahçeli se opone fervientemente. El gran problema que esto plantea es que estamos hablando del tercer partido en Turquía que en las elecciones de julio del 2007 obtuvo 5 millones de votos y 71 asientos en el Parlamento. Estamos ante un partido que, dejando a un lado su discurso ultranacionalista cercano al fascismo, no sabe muy bien a que juega en el complicado y lioso tablero de la política turca.

Las políticas de los dos partidos de la oposición hace que nos planteemos lo siguiente: ¿Qué ocurre con la reforma de la Constitución? El AKP necesita dos tercios de la Gran Asamblea Nacional para llevar a cabo las reformas, es decir, esta corto de más de una veintena de votos. Se sabe prácticamente que ni el CHP ni el MHP, a este último le duele especialmente la enmienda del Artículo 301 del Código Penal Turco, apoyaran al AKP, que tendrá que recabar apoyo entre los miembros independientes del Parlamento, mucho de ellos pertenecientes al pro-kurdo Partido de la Sociedad Democrática (DTP).Así pues, la tan necesitada reforma se ve retrasada, entre otros factores, por la empecinada oposición del CHP y MHP.

No pretendo en este artículo defender al AKP, con el que discrepo en un gran número puntos. Sin embargo, mientras que algunas de las políticas del gobierno de Erdoğan tienen como objetivo acercarse a la UE y normalizar las relaciones con Armenia, tanto el CHP como el MHP las boicotean, cuando pueden, y las critican duramente. Si el AKP hace algo bien hay que reconocérselo, y si el que lo hace bien es el CHP o el MHP, pues también (aunque lo de estos dos últimos partidos se da raramente en la actualidad). Ahora bien, Baykal y Bahçeli deberían revisar su oposición destructiva que, a parte de no beneficiar en nada al país, seguramente resultará en un duro varapalo en las próximas elecciones.