Más de 40 muertos por el frío en Afganistán, la mayoría niños

El gobierno reconoce que al menos 37 niños han muerto en los últimos días por el crudo invierno que atraviesa el país, muchos de ellos en los campos de refugiados en torno a la capital.

Más de cuarenta personas, la mayor parte de ellas niños, han muerto hasta la fecha por las bajas temperaturas que sufre Afganistán, según reconocieron las autoridades el lunes, en el que ha sido el peor invierno de los últimos años en este país asolado por la guerra.

Las cifras oficiales hablan por ahora de 41 fallecidos a causa del frío en al menos tres provincias (Kabul, Ghor y Badakhshan), según declaró el portavoz del Ministerio de Salud Afgano, Ghulam Sakhi Kargar, de los cuales prácticamente la totalidad salvo 3 ó 4 víctimas mortales eran niños. Más de la mitad de los muertos se produjeron en la capital, principalmente en campos de refugiados que han huido de los combates y la violencia en otras regiones del país.

Precisamente Kabul está sufriendo uno de sus inviernos más duros de las dos últimas décadas, con bajas temperaturas e intensas nevadas, mientras que al oeste del país se han producido avalanchas de nieve. Pero preocupa especialmente la situación en los campos de refugiados en torno a la capital, donde miles de personas viven en tiendas dependiendo de la ayuda humanitaria internacional.

Naciones Unidas ha comenzado a distribuir mantas, combustible y tiendas extra a los refugiados que viven en los 40 campos de refugiados en torno a Kabul, mientras que la OTAN estima que ha entregado hasta la fecha unas 1.000 mantas y diferentes prendas de abrigo. Pere a la vista de las últimas muertes parece que la ayuda no es suficiente, y comienzan a surgir voces que se preguntan cómo es posible que estén muriendo decenas de personas por frío en unos campamentos situados al lado de las sedes de agencias de ayuda humanitaria que han estado recibiendo miles de millones de dólares en fondos destinados a proveer asistencia a los afganos.

La ola de frío ha tenido otro efecto: el alza de los precios del gas y la madera, los dos principales combustibles que emplean los cinco millones de habitantes de la capital afgana para calentarse. Además las fuertes nevadas han provocado daños en las líneas de suministro eléctrico, añadiendo apagones y fallos eléctricos extra a los que ya son habituales en Kabul.

No obstante las autoridades afganas afirman que el 75% de la capital tiene electricidad, mientras que el ministerio de salud ha anunciado la puesta en marcha de clínicas móviles para prestar asistencia a aquellas personas más indefensas ante las bajas temperaturas. El gobierno subraya además que los mercados de la capital tienen suministros suficientes para los próximos días, mientras que las principales carreteras que conducen a la capital parecen despejadas.

Vista no obstante la situación en Kabul, cabe preguntarse sin embargo la suerte que estarán corriendo muchas familias afganas en las regiones y localidades más alejadas de la capital, donde la presencia del gobierno central es comúnmente simbólica o simplemente no existe.