El primer ministro turco Tayyip Erdoğan se reunió por sorpresa con el Jefe del Estado Mayor, el general Koşaner, después de que un tribunal ordenara el arresto de 163 oficiales del ejército.
El primer ministro turco Recep Tayyip Erdoğan se reunió el sábado por sorpresa con el Jefe del Estado Mayor, el general Işık Koşaner, después de que un tribunal ordenara el viernes el arresto de 163 oficiales del ejército acusados de conspirar para derrocar al gobierno.
Erdoğan y Koşaner se encontraron el sábado en la oficina del primer ministro en el Palacio de Dolmabahçe, en Estambul, después de que 163 oficiales de las Fuerzas Armadas Turcas fueran arrestadas el viernes por orden de un tribunal que investiga el caso «Balyoz» («Mazo», en turco). Entre los arrestados se incluyen los antiguos jefes de las fuerzas aéreas y la marina, según informaron los medios de comunicación de Turquía.
Según indicó el canal de noticias turco NTV, la reunón entre Erdoğan y Koşaner se prolongó por espacio de unos 45 minutos. Ninguno de los dos ofreció declaraciones a la prensa tras el encuentro.
Un tribunal turco ordenó el viernes que 133 oficiales y ex oficiales del ejército fueran enviados a prisión preventiva bajo cargos de conspirar para derrocar al gobierno, al tiempo que emitió una orden de arresto para otros 33 oficiales, según indicó la prensa turca. Las fuerzas de seguridad cerraron de inmediato las puertas del tribunal donde los oficiales asistían a la vista, incluyendo a los ex jefes de la marina y las fuerzas áreas, y procedieron a su detención para ser trasladados a prisión. Según indicó la televisión turca, nada más conocer la decisión del tribunal los militares comenzaron a cantar canciones del ejército en señal de protesta.
Los oficiales arrestados el viernes, entre los que se incluyen varios generales de alta graduación, están acusados de participar en una conspiración para derrocar en 2003 al gobierno del primer ministro turco, Recep Tayyip Erdoğan, cuyo partido AKP había ganado las elecciones generales por mayoría el año anterior. Los acusados, que hasta ahora habían permanecido en libertad, se enfrentan ahora a penas de entre 15 y 20 años de prisión si finalmente con condenados por los cargos de «intento de derrocar el gobierno por la fuerza».
La fiscalía asegura que la trama denominada «Balyoz» integraba a varios oficiales del ejército, y que su plan era crear una situación de caos en Turquía tras la victoria de Erdoğan que justificara una intervención militar para apartar al partido gobernante del poder, tal y como ya ocurriera en el golpe de estado de 1980. El plan pudo conocerse gracias a la filtración que hizo el diario estambulita Taraf de unos documentos secretos del ejército.
Como parte de esos preparativos de «Balyoz» para sembrar el caos y promover una intervención militar se incluían planes para volar con explosivos al menos dos grandes mezquitas durante la oración del viernes, así como asesinatos de miembros de minorías étnicas y destacados líderes religiosos judíos y cristianos de Turquía; otra opción que barajaban los golpistas era la de derribar un avión turco y culpar del hecho a Grecia para generar tensión y un ambiente pre-bélico que permitiese a los militares hacerse con el control del gobierno.
El juicio que se sigue contra «Balyoz», así como contra otros grupos ultranacionalistas con ramificaciones en el ejército como «Ergenekon», ha puesto a prueba las no siempre fáciles relaciones que mantienen el poderoso ejército turco -el segundo mayor de la OTAN después del de Estados Unidos- con el gobierno del islamista moderado Recep Tayyip Erdoğan.
El gobierno del AKP asegura que la actuación judicial es independiente y que forma parte de los esfuerzos por acabar con las viejas prácticas anti-democráticas en Turquía, donde los militares mantuvieron durante décadas una férrea tutela del gobierno; la oposición kemalista por contra acusa al gobierno de influenciar en los jueces y de perseguir a los militares que no le son afines. En cualquier caso, el arresto de oficiales de alto rango de las Fuerzas Armadas supone todo un cambio, en un país donde hasta hace no muchos años los militares se consideraban casi intocables y algo así hubiera sido inimaginable.
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Pablo Gómez es especialista en Turquía y editor jefe de Hispanatolia desde 2011. Desde 2006 se dedica al análisis de la actualidad y la geopolítica de Turquía y su región.
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