El gobierno chino considera que es él quien debe elegir a quien sucederá al líder espiritual del Tibet, que desde 1951 es una región ocupada y controlada por China.
Pekín criticó el lunes la decisión del líder espiritual de los tibetanos, el Dalai Lama, de elegir un sucesor y organizar elecciones democrática, un acto que calificó de «ilegal» por considerar que es el gobierno central chino quien debe tomar esa decisión.
«El título de Dalai Lama es atribuido por el gobierno central», declaró a la prensa el lunes un portavoz del ministerio de exteriores chino, dos días después de que el líder espiritual tibetano anunciase que elegirá a su sucesor.
«Cuando me acerque a los 90 años, consultaré a los grandes lamas de las tradiciones búdicas tibetanas, a los tibetanos y a otros adeptos del budismo tibetano, y procederé a una reevaluación de la institución del Dalai Lama para saber si hay que perpetuarla o no. En base a eso decidiré», dijo el sábado el Dalai Lama, Premio Nobel de la Paz en 1989, que a sus 76 años vive en el exilio en la India desde 1959.
El anuncio del Dalai Lama supone toda una revolución institucional entre los tibetanos, que durante siglos han designado a su sucesor tras su muerte y después de una serie de rituales y pruebas para identificar a la supuesta reencarnación del Lama. Sin embargo éste ya ha hablado en otras ocasiones de la necesidad de debatir si esa tradición debe perdurar o si por el contrario es necesario reformarla. A principios de año el Dalai Lama ya anunció su deseo de reformar la institución que preside disociando su papel como líder político y espiritual de los tibetanos, dejando el primero en manos de un nuevo responsable elegido democráticamente para centrarse en sus labores espirituales.
China, que ocupa el Tíbet desde 1951 tras una invasión militar que la convirtió en una región autónoma aunque dividida, sigue considerando al Dalai Lama un separatista peligroso acusándolo de incitar a los tibetanos a la rebelión. El Dalai Lama sin embargo asegura que su única intención es otorgar una verdadera autonomía al Tíbet que evite la desaparición de su cultura.
Al igual que ocurre en la provincia autónoma occidental de Xinjiang (Turquestán), habitada por la etnia musulmana uigur, en Tíbet el gobierno de Pekín ha practicado en las últimas décadas una política de colonización fomentando la inmigración de millones de chinos a la región, de forma que los tibetanos se han convertido en una minoría en su propio país.
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Pablo Gómez es especialista en Turquía y editor jefe de Hispanatolia desde 2011. Desde 2006 se dedica al análisis de la actualidad y la geopolítica de Turquía y su región.
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