Miles de egipcios desafiaron el toque de queda decretado por el presidente de Egipto y acamparon en el centro de El Cairo, de donde no piensan irse hasta que Hosni Mubarak abandone el poder.
Miles de egipcios desafiaron el toque de queda decretado por el presidente de Egipto y acamparon en el centro de la capital, El Cairo, de donde no piensan irse hasta que Hosni Mubarak abandone el poder.
Los manifestantes se concentraron en la céntrica Plaza Tahrir de El Cairo, convertida ya en símbolo de las protestas anti-gubernamentales que piden la renuncia de Mubarak, que se mantiene como presidente en el país desde hace 30 años. El ambiente entre los soldados y los manifestantes en la plaza se mantenía relajado, mientras la gente compartía comida y permanecía junto a tanques pintados con grafitis contra el presidente egipcio.
El ejército, que ha sustituído a la policía en el control de la seguridad en las calles y cuenta con la simpatía de la población, parece ser la clave en estos momentos para saber cuál será el destino de Mubarak; por ahora los generales no han aplastado la revuelta ni están haciendo demasiado por imponer el toque de queda, pero tampoco han retirado su apoyo al presidente. «El Ejército tiene que elegir entre Egipto y Mubarak», rezaba un cartel en la plaza Tahrir.
Seis días de disturbios han dejado más de un centenar de muertos en Egipto. Los manifestantes se niegan a replegarse, y el ejército tampoco los ha obligado a hacerlo, lo que a medida que pasa el tiempo hace más insostenible la posición de Mubarak, que afronta cada vez más presiones dentro y fuera de Egipto para que abandone el cargo.
Los manifestantes han rechazado hasta ahora todas las medidas decretada por el octogenario presidente egipcio para intentar acallar las protestas, desde las restricciones a la libertad de reunión y comunicación hasta el nombramiento por parte de Mubarak de un vicepresidente (cargo hasta ahora inexistente en Egipto) y un nuevo primer ministro, ambos procedentes de las fuerzas armadas. Las promesas de reforma económica para responder al malestar social por el alza en los precios, el desempleo y la enorme brecha entre ricos y pobres no han conseguido detener hasta ahora las protestas, que han conseguido unir a islamistas y laicos, cristianos y musulmanes, ricos y pobres, con una sola voz que pide la salida de Mubarak.
Para este lunes se ha convocado una huelga general en todo el país, y mañana martes hay convocada una jornada de protestas masivas que prevé movilizar a millones de personas y que podría reunir las mayores manifestaciones hasta ahora.
Por ahora Estados Unidos, país aliado de Egipto al que destina miles de millones de dólares en ayuda militar, se mantiene a la expectativa y apuesta por exigir a Mubarak reformas democráticas de acuerdo a las exigencias ciudadanas, aunque sin pedir la salida de Mubarak, al que considera un aliado clave. Sin embargo fuentes de la Casa Blanca declararon bajo anonimato a la prensa que el sentimiento entre los asesores de seguridad de Obama es que el tiempo de Mubarak ha pasado.
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Pablo Gómez es especialista en Turquía y editor jefe de Hispanatolia desde 2011. Desde 2006 se dedica al análisis de la actualidad y la geopolítica de Turquía y su región.
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