Desgraciadamente, desde hace un par de semanas, la principal noticia del panorama internacional es el ataque israelí en la Franja de Gaza. Mucho se dice en los periódicos, televisiones y demás medios sobre un conflicto que lleva sin resolverse un siglo. Cada día vemos imágenes del caos que reina en Gaza: hospitales colapsados, niños ensangrentados, cadáveres por doquier… Y por supuesto que es muy fácil echarle la culpa de todo esto al estado de Israel. Ahora bien, ¿acaso son los israelíes los buenos y los palestinos los malos en este conflicto?
En Occidente, y principalmente en Europa, la información que llega por los medios no es completa, mostrando principalmente una parte del conflicto. Todos los telediarios abren con imágenes del sufrimiento del pueblo palestino. Lo cual está bien. Sin embargo, ¿abrían los informativos estos últimos años con las inmolaciones de los terroristas palestinos en cafés, autobuses y tiendas israelíes? Por supuesto que no es lo mismo una operación a gran escala de un ejército profesional que aislados atentados terroristas. Aún así, es importante mencionar el creciente antisemitismo que está emergiendo en la sociedad europea en general y en la española en particular. Las manifestaciones contra los bombardeos de Israel delante de sus embajadas no tienen nada de malo en sí mismas. No obstante, echo de menos a aquellos manifestantes que se declaran defensores de los derechos humanos, la democracia y demás términos sin sentido, cuando mueren civiles israelíes en atentados terroristas. ¿Acaso es más inocente un palestino muerto por un misil israelí que un israelita muerto por un terrorista suicida? La gente que no está de acuerdo con este punto de vista es posible que argumente la diferencia entre la capacidad militar entre ambos bandos, pero ¿no creen ustedes que si Hamas tuviese el potencial bélico de Israel hubiera destruido, como pregona, el “Estado Sionista”? Ahí hay algo sobre lo que reflexionar.
Por supuesto, nada puede amparar la respuesta desproporcionada del Tsahal en la que han fallecido cerca de un millar de personas, incluyendo centenares de niños. Debido a esto se está llamando en todo el mundo al estado de Israel “asesino” y “genocida”. Es cierto que son los proyectiles israelíes los que matan a los palestinos, civiles o miembros de Hamas por igual, pero merece la pena profundizar un poco en las tácticas usadas por los terroristas islámicos palestinos. Hezbolá, durante la guerra que tuvo lugar entre Israel y sus acólitos hace un par de años en el sur del Líbano, usó escuelas, mezquitas y demás edificios claramente civiles para disparar sus proyectiles. Como es de suponer, Israel respondió al fuego enemigo destruyendo aquellos lugares de donde salían los misiles y cohetes, matando así a los inocentes civiles que allí se encontrasen. Estas acciones le valieron a Israel reprimendas de medio mundo, como sucede ahora. Sin embargo, eran los miembros de Hezbolá, que de una forma ruin y cobarde, usaban como escudos humanos a niños y mujeres. Por supuesto, son los proyectiles israelíes los que mataron a toda esa gente, pero fueron los terroristas de Hezbolá los que se escudaron en ellos. Lo mismo está ocurriendo ahora, con la única diferencia de que los que se esconden en mezquitas, hospitales y escuelas son terroristas de Hamas. Es fácil llamar “asesino” a Israel, pero es Hamas quien también está matando a su propio pueblo. Es más, mientras integrantes de Hamas en la Franja de Gaza ven con buenos ojos un alto el fuego, no así los líderes del movimiento terrorista exiliados, que no tienen que sufrir las penurias del conflicto.
Llama bastante la atención la respuesta de los países árabes a la agresión israelí. Todos la condenan enérgicamente, pero ninguno ha dado un paso adelante. Este viernes día 16 de enero tuvo lugar una reunión en Doha, Qatar, a la que asistieron representantes de las naciones árabes y musulmanes. De todas ellas, solamente la misma Qatar y Mauritania han decidido cortar sus relaciones con Israel. A está escasa respuesta de los países árabes hay que incluir el hecho de que ni Egipto ni Arabia Saudita mandasen representantes a Doha. La hipocresía y avaricia de los “hermanos” del pueblo palestino se ha hecho evidente. Antes de este acto, hace una semana, se pudo ver en Estambul a las primeras damas de Jordania, Siria, Qatar, Líbano, Libia y Pakistán, invitadas por la de Turquía, que curiosamente era la única que se cubría totalmente la cabeza con un pañuelo que no dejaba a la vista cabello alguno (algo que trataremos seguramente en el próximo artículo de esta columna). Este acontecimiento fue eminentemente simbólico, pero no se sacó nada de él.
Turquía ha condenado duramente el ataque israelí. Se ha sentido defraudada por Israel que no le avisó de sus intenciones mientras mantenían conversaciones de paz entre Siria e Israel. Pero Turquía, por muy dolida que esté, no ha de olvidar las fructíferas relaciones que mantiene con el país judío, tanto desde el punto de vista comercial como militar (Israel provee a Turquía con material bélico de alta tecnología y llevan a cabo maniobras junto a los EE.UU.). Así pues Erdoğan debería actuar con cautela. Israel necesita a Turquía, sí, pero también viceversa.
Se critica mucho a los EE.UU. su apoyo, encubierto muchas veces, a Israel. Pero es que no hay que olvidar el tremendo poder del lobby judío norteamericano: si un presidente quiere obtener un segundo mandato no debe enemistarse en absoluto con este lobby. Nos guste o no, es una realidad. Además, desde el 11 S, los Estados Unidos han declarado su guerra total a todo tipo de extremismo islamista (sea Hezbolá, Hamas, al-Qaeda o incluso organizaciones no terroristas). La psicosis aún pervive en los EE.UU. y por lo tanto hay que comprender su posicionamiento, aunque no se comparta.
Esto me lleva al último punto del artículo (y tal vez el más polémico). Nosotros (pues me incluyo), los occidentales, somos el enemigo número uno de los radicales islamistas. Compartimos (Europa y los Estados Unidos) mucho más con los israelitas (como por ejemplo nuestra cultura judeocristiana) que con Hamas. Por lo tanto resulta difícil comprender aquellos que se alinean con Hamas. Digo Hamas y no los palestinos ya que éste es un movimiento terrorista que dudo que represente a la población palestina. Pero no nos centremos únicamente en este desgraciado conflicto. Israel es un oasis de democracia, o algo bastante parecido, y de estabilidad en una región volátil y dictatorial. Lo que es más importante, aunque muchos no estarán de acuerdo, Israel es Occidente. Si Israel, un bastión que se ha defendido de enemigos mucho más numerosos que él y cuyo ejército es de los mejores y más potentes del mundo, cae ante el extremismo religioso de los terroristas, ¿qué hace pensar a la gente que no pueda caer Europa? Sí, es una posición fatalista, pero es algo que no hay que olvidar.
Seguramente muchos piensen que este artículo defiende a Israel, pero nada más lejos de la realidad. No defiendo la desproporcionada respuesta israelí, no defiendo que se bombardeen edificios civiles, no defiendo que Israel mate a inocentes. La crisis humanitaria que sufren los habitantes de la Franja es muy seria, y eso es lo primero que debería solucionarse, actuando con autoridad, sea la ONU, la UE o los EE.UU., para conseguir un alto el fuego. Eso es lo primordial. Simplemente expongo que, contrariamente a lo que mucha gente piensa, no hay malos y buenos en este conflicto, solamente víctimas inocentes de uno y otro lado.
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