El Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) del primer ministro Recep Tayyip Erdoğan de vez en cuando nos recuerda, mediante sorprendentes leyes o iniciativas, su origen islamista. Esta vez, el blanco de su conservadurismo no ha sido otro que el alcohol, enemigo de todo aquel que tenga al Islam como bandera política. Una nueva ley aprobada y promovida por el AKP da escalofríos a todos aquellos que quieren ser libres para beber.
En resumidas cuentas, la ley promovida por Erdoğan y sus compañeros de partido prohíbe: el patrocinio de bebidas alcohólicas a equipos deportivos, la publicidad de alcohol en lugares que pueda ser vista por niños, la distribución en competiciones, hoteles y resorts, la venta en restaurantes que estén en autopistas, el servicio de alcohol por parte de empresas de catering, promover el consumo bebidas alcohólicas asociándolas con comidas, como por ejemplo, el afamado rakı ve balık (rakı y pescado). Mientras tanto exige, de manera bastante ambigua, elevar la edad de consumo a los 24 años en lugares donde se encuentren presentes menores de 24 (lo que supone incrementar la edad de los 18 a los 24). Estas son las características más destacables de la ley, de la que sólo se salva, en mi opinión, la prohibición relativa a las autopistas.
La ley de por sí llama la atención, pero hay otros datos sobre los que merece la pena reflexionar. Según un estudio llevado a cabo por la Universidad de Bahçeşehir, entre 2003 y 2008 cerca de 300.000 familias dejaron de consumir alcohol, principalmente debido a presiones sociales, lo que supuso una caída en el consumo del 34%. A esto hay que añadir la creciente reticencia de muchos ayuntamientos gobernados por los conservadores a dar licencias para la venta de alcohol. Hay mucho de esto que no puede probarse empíricamente pero muchos turcos laicos así lo atestiguan.
Este deseo de meterse en la vida privada de sus ciudadanos e intentar imponer la moral de unos sobre otros, es una triste noticia de un gobierno que, en sus albores, atrajo a los liberales que deseaban ver como la democracia se imponía definitivamente en Turquía. Esta controvertida ley proporciona munición para aquella parte de la sociedad turca secular, que cree en la existencia de una agenda islamista del AKP que, según ellos, quiere convertir Turquía en otro Irán.
A esto hay que añadirle la arrogancia de Erdoğan, que declaró: “Aquí los que quieran pueden beber hasta reventar,” algo de lo que el primer ministro tuvo que retractarse. Lo que sí es cierto no obstante, es la alta carga impositiva que existe en Turquía sobre el alcohol. Estos impuestos fueron aumentados un 30% antes de la nueva ley. Debido a ello, una botella de un litro de rakı, bebida de anís considerada el alcohol nacional, cuesta algo más de 20 euros. Esta es una forma indirecta, y hasta cierto punto discreta, de reducir el consumo.
Esta ley ha supuesto la movilización a través de Facebook de una parte de los jóvenes turcos que marcharon, cervezas en mano, por la calle İstiklal de Estambul bajo el lema “Bebemos por el AKP” (AKP’ye İçiyoruz) para manifestarse en contra de estas medidas. Uno de los cánticos de la multitud fue aquel de ‘las armas matan, el alcohol hace reír,’ que hacía referencia al hecho de que un turco de 18 años pueda comprar un arma pero no pueda beber hasta los 24. Por lo menos hay que tomárselo con sentido del humor.
Los afectados van desde jóvenes que ahora tendrán que esperar a tener 24 años para beber en discotecas, pasando por hosteleros y vendedores, y llegando al Efes Pilsen, uno de los equipos de baloncesto más laureados de país patrocinado por una marca de cerveza del mismo nombre. El conjunto puede llegar a desaparecer si la empresa decide dejar de patrocinar el equipo, aunque se habla de alternativas como llamar al equipo Efes İstanbul, quitando el Pilsen. Sin embargo, también se rumorea que la empresa matriz Anadolu podría decidir invertir ese dinero en clubes extranjeros como el Partizan de Belgrado o el CSKA de Moscú. Todo esto trae más problemas que soluciones a Turquía. Esta ley no era necesaria, como tampoco lo era la subida de impuestos del alcohol. Habrá que ver como se resiente de esta salida de tono una importante fuente de ingresos como es el turismo.
Puede haber varias razones detrás de estas medidas. Personalmente me inclino por el deseo del Partido de la Justicia y el Desarrollo de imponer su moral a los ciudadanos del país euroasiático, algo que, de ser así, es preocupante. No obstante, tampoco hay que olvidar que el 2011 es año de elecciones generales en Turquía y que esta nueva ley podría ser un guiño de Recep Tayyip Erdoğan a los sectores más conservadores de la sociedad que votan a partidos abiertamente islamistas como el Partido de la Felicidad (Saadet Partisi). No obstante, el escaso peso electoral del SP (2,34%) y de otros partidos islámicos marginales hace que el beneficio obtenido de estas medidas por el AKP pueda ser mínimo ya que aliena a otros sectores de la población. O podría tratarse de una combinación de ambas.
Decir Turquía es pensar en un sinfín de cosas, entre las que se encuentra el intenso rakı, la rubia Efes Pilsen, el blanco Çankaya. Quieran o no los políticos del AKP, hay ciertas bebidas que pertenecen a la cultura turca, que han convivido junto al Islam durante siglos. En cierto modo, este giro intervencionista y conservador recuerda al sultán Murat IV (r. 1623 – 1640) que prohibió el alcohol en el Imperio otomano y, casualidades de la vida, murió de cirrosis…
¿Qué hace un pez en una botella rakı? Al conocer la ley del gobierno no pude evitar pensar en el rakı y entonces recordé un poema de Orhan Veli Kanık (1914-1950) que me dio a conocer Elçin, una amiga:
«Eskiler alıyorum
Alıp yıldız yapıyorum
Musiki ruhun gıdasıdır
Musikiye bayılıyorum
Şiir yazıyorum
Şiir yazıp eskiler alıyorum
Eskiler verip musikiler alıyorum
Bir de rakı şişesinde balık olsam…»
(Traducción)
Compro trapos
Y los convierto en estrellas
La música es el alimento del alma
Amo la música
Escribo poesía
Escribo poesía y compro trapos
Doy trapos y compro melodías
Si también pudiese ser un pez en una botella de rakı…
Şerefe! (¡Salud!)
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