Especial: La crisis de Grecia y el euro

El parlamento griego aprobó el nuevo plan quinquenal de ajuste económico para poder optar a nuevas ayudas económicas, sin las que el país está abocado a una suspensión de pagos.

El parlamento griego aprobó finalmente el nuevo plan quinquenal de ajuste económico para poder optar a nuevas ayudas económicas, sin las que el país está abocado sin remedio a una suspensión de pagos en pocas semanas: analizamos en Hispanatolia las claves de la grave crisis griega, y cómo ha llegado Grecia hasta su actual situación.

Los diputados del PASOK apoyaron -tras la moción de confianza a la que se sometió el primer ministro Papandreu días antes- el nuevo paquete de recortes que pretenden reducir la enorme deuda pública del país, principalmente a través del aumento de impuestos y el recorte de salarios y del gasto público.

El objetivo final sería, si todo sale según lo planeado, que el déficit público pase del 10´5% del PIB actual a sólo el 1´1% en 2015. Además se venderán numerosas participaciones estatales para tratar de paliar la deuda nacional, que alcanza ya los 350.000 millones de euros y que según afirma el gobierno de no llevarse a cabo el paquete de reformas propuesto podría alcanzar los 500.000 millones de euros en 2015.

Los antecedentes

Hace algo más de un año, en mayo de 2010, la Unión Europea (UE) y el Fondo Monetario Internacional (FMI) aprobaron el primer rescate financiero a Grecia por valor de 110.000 millones de euros por un período de tres años.

Pero más de un año después, lejos de mejorar el problema griego no sólo se ha agudizado sino que ha arrastrado consigo a los países más débiles de la zona euro, que acuciados por la necesidad de financiar su deuda en los mercados en medio de la grave crisis económica han visto como cada vez es mayor el precio que deben pagar por colocar su deuda en esos mercados.

La crisis griega se presenta en estos momentos como el mayor desafío que ha tenido que afrontar la UE en los últimos años y que podría traer serias consecuencias para el futuro de la Unión. Grecia parece incapaz de salir del gran pozo negro en el que se encuentra, y las durísimas medidas de ajuste que exigen la UE y el FMI para salvar al país de la quiebra chocan con una enorme contestación social que ya ha provocado un cambio de gobierno y nada menos que 15 huelgas generales en el último año y medio. Ante este panorama, resulta difícil ver una luz al final del tunel para la crisis griega.

¿Por qué es necesario ahora un segundo rescate a Grecia?

Grecia, pero sobre todo la UE, necesita un segundo rescate de la desastrosa economía griega sobre todo, a corto plazo, para calmar los mercados y evitar el «efecto contagio» a otros países con problemas y deudas públicas importantes en la Eurozona; de no hacerlo, Grecia se vería obligada a cancelar los pagos de los intereses por su deuda o renegociarla con los acreedores, lo que hundiría aún más su economía y sería catastrófico para todos los países con economías basadas en el euro, moneda común que es usada también en Grecia.

Los principales afectados serían Irlanda y Portugal -que ya han tenido que acudir a rescates de la UE- o España -que ya coloca su deuda en los mercados teniendo que pagar intereses más altos-, pero también otros con deudas públicas importantes como Italia, Bélgica, Francia………

La cuestión por la que se necesita ahora un segundo rescate es que las cosas no han salido -ni de lejos- como se esperaba ni como predijeron los socios europeos de Atenas hace un año cuando aprobaron el primer rescate financiero. Por aquel entonces se pensaba que Grecia podría volver a recurrir a los mercados para poder financiar al menos el 50% de su deuda en 2012, y al 100% en 2013. Pero ahora ha quedado claro que esos plazos eran, cuando menos, demasiado optimistas, y que el país helénico va a necesitar mucho más tiempo -y sobre todo más ayudas- para salir del pozo sin fondo en el que está sumido en estos momentos.

¿Por qué es tan urgente la ayuda?

Grecia estaba el año pasado al borde de la bancarrota cuando la ayuda conjunta del FMI y la UE la salvaron en el último momento. Poco más de un año después, la situación no es muy diferente. En estos momentos Grecia está prácticamente sin liquidez -la agotará en menos de un mes-, lo que significa que no dispone de dinero suficiente y podría declarar la suspensión de pagos; y no es solvente a medio plazo, lo que quiere decir que teniendo en cuenta su crecimiento económico, su deuda y el coste de obtener financiación (dinero prestado), es incapaz como país de sobrevivir por sí solo. Su economía tuvo un crecimiento del -4´5% (es decir, negativo) en 2010, y la previsión para 2011 no es mucho más halagüeña: -3%; su deuda pública acabó en 2010 en el 142´8% de su PIB nacional, y se prevé que a finales de este año supere el 156% de su PIB; y en cuanto a los intereses que tiene que pagar por su deuda, en estos momentos rondan el 30%.

Por si quedaba alguna duda, hace pocos días la primera ministra eslovaca Iveta Radicova afirmó que Grecia está en una bancarrota «de facto» y que sus socios de la zona euro están tratando en estos momentos de buscar una fórmula para minimizar el impacto en otros países. «Grecia, de facto, está en bancarrota. Actualmente estamos buscando la manera de ver cómo reducir los efectos de los hechos sobre otros miembros de la zona euro», aseguró Radicova.

¿Podría Grecia abandonar el euro?

Ya hemos dicho que la deuda pública de Grecia superará este año al menos el 156% de su PIB (Producto Interior Bruto) nacional; esto quiere decir que teniendo en cuenta toda la riqueza que el país es capaz de producir a lo largo de un año, incluso aunque la destinase íntegramente a pagar el dinero que debe -lo cual en la práctica resulta imposible, claro-, seguiría debiendo en deuda más de la mitad de esa riqueza. En marzo la deuda griega ascendía ya a 354.000 millones de euros, y sigue creciendo. Sólo en intereses deberá pagar en 2011 unos 16.000 millones de euros.

El hecho de que Grecia esté en la zona euro no es sólo un problema para otros países que comparten la misma moneda -y sobre los que repercuten las tensiones que los mercados tienen debido a la manifiesta insolvencia de Atenas-, sino también para la propia Grecia. El hecho de que ya no tenga control sobre su política monetaria obliga al país helénico a emitir su deuda en una moneda que no controla (el euro), y por lo tanto le deja con las manos atadas. Una posible solución para hacer frente a sus problemas de financiación sería devaluar su moneda -cosa que hizo España en los años 90, por ejemplo-, pero desde 2002 el euro sustituyó al dracma (la moneda nacional griega), y por tanto eso ya no es posible.

El debate sobre la salida de Grecia del euro ha sido una constante desde el inicio de la crisis griega, pero a pesar de los posibles inconvenientes el gobierno de Atenas no está interesado en salir del euro porque teme que eso lo dejaría solo frente a sus problemas, con unos socios europeos que no tendrían ningún interés en «mojarse» por un país que -como ya hemos visto- es completamente insolvente y necesita de ayudas para sobrevivir. Por otro lado los miembros de la Eurozona tampoco están convencidos de que la solución sea que Grecia abandone el euro, porque temen que si los griegos dan este paso las tensiones y la inestabilidad sobre la moneda única aumenten, y que el proyecto de unión económica e incluso de unión política que supone la Unión Europea quede en entredicho. Y si Grecia sale: ¿saldrán luego Irlanda, Portugal, España, Italia….? Así que en estos momentos, como ya dejó entrever claramente la primera ministra eslovaca, Grecia depende del euro… pero el euro también depende de Grecia.

La situación política en Grecia tampoco ayuda, con una clase política griega que parece incapaz de coger el toro por los cuernos y arrimar el hombro, como ocurrió por ejemplo en Portugal. El primer ministro Papandreu del partido socialista griego PASOK se encontró cuando llegó al poder a finales de 2009 con una deuda descomunal y un fraude en las cuentas del estado que la oposición conservadora supo ocultar hasta que perdió las elecciones; ésta sin embargo rechaza ahora cualquier plan de ajuste (lo que obviamente le restaría votos debido a la impopularidad de las medidas) y también un posible gobierno de unidad nacional para hacer frente a la situación, lo que deja a Papandreu prácticamente solo ante la UE, el FMI, los mercados, los manifestantes, y hasta sus propios compañeros del PASOK, que han dado crecientes muestras de distanciamiento con los planes del primer ministro.

¿Qué hace diferente a la crisis griega?

Pese a que se han querido comparar las situaciones, hay un elemento clave que hace muy diferente la crisis griega de la que viven otros países como Irlanda, Portugal, o quizás en el futuro España o Italia. Además de tener unos elevadísimos niveles de fraude fiscal y de economía sumergida prácticamente crónicos, ya el año pasado cuando Grecia se sometió a las inspecciones de la UE para recibir ayudas quedó demostrado un hecho que dejó boquiabiertos a los socios europeos de Atenas: Grecia falsificó sus cuentas para poder entrar en el euro.

Como suena. Los problemas de Grecia no vienen de la crisis financiera mundial que ha azotado el mundo en los últimos años, aunque obviamente ésta los agudizó. El problema de Grecia es que cometió fraude. Mintió. El país jamás cumplió los criterios económicos necesarios para poder adoptar el euro como moneda, lo que supone en la práctica que en estos momentos -y desde el año 2002- el euro ha perdido una parte importante de la credibilidad y la solvencia que le daban las duras exigencias impuestas a los países que lo adoptaron. Además al unirse a la Eurozona, Grecia obtuvo beneficios pero también perdió la independencia económica que necesitaría en estos momentos.

A este factor clave -a menudo obviado o simplemente ocultado por sus socios europeos- se une un nivel de endeudamiento que, de nuevo, no es producto de la crisis financiera mundial sino que se retrotrae a finales del siglo XX. Grecia era consciente de ello, y muchos incluso ya dieron la voz alarma después de los grandes fastos y el esfuerzo económico que supuso organizar los Juegos Olímpicos de 2004; pero con su pertenencia al euro y en medio del «boom crediticio» el país confió en el respaldo de la moneda única para seguir endeudándose cada vez más, creyendo que podría financiar fácilmente su deuda en los mercados.

Otro factor importante ya mencionado antes es su déficit fiscal; es decir, la diferencia entre los gastos y los ingresos del Estado griego. Desde hace años pero especialmente desde que adoptó en 2002 el euro, Grecia ha estado viviendo claramente por encima de sus posibilidades reales, con un déficit creciente que en 2010 alcanzó el 10´5%: esto quiere decir que no sólo debe mucho, muchísimo dinero, sino que cada vez debe más y debe pedir prestado más. Desde 2000 Grecia ha venido incumpliendo reiteradamente el Pacto de Estabilidad y Crecimiento de la Unión Europea, que limita tanto el déficit público como la emisión de deuda pública (que no puede superar el 60% del PIB nacional). Estos datos fueron, una vez más, ocultados durante años a sus socios de la UE.

Para cubrir ese déficit, que en dinero suponen unos 23.000 millones de euros, el Estado griego ha intentado nuevamente recurrir a los mercados internacionales; pero ante el historial que arrastra Grecia, estos están exigiendo intereses que rondan el 30%, lo cual resulta casi inasumible incluso para todo un país. Esta es la insolvencia de la que también hablamos antes: Grecia no tiene dinero… y además tampoco puede conseguirlo. De hecho la mayor parte del déficit griego -más del 70% según algunos analistas- corresponde al pago de intereses, lo cual crea un círculo vicioso porque esos pagos quitan recursos a la inversión pública, de la que Grecia está muy necesitada y que es a lo que recurren muchos gobiernos en estos tiempos para tratar de paliar la crisis entre sus ciudadanos, fomentar el empleo y la producción nacional, y estimular el crecimiento de la economía.

Ante este panorama, resulta difícil saber lo que va a pasar en los próximos meses o años. Por ahora, Grecia se hunde como el Titanic; y mientras tanto, sus socios de la UE siguen tocando mientras se hunde, igual que hacían aquellos violinistas a bordo del barco: a la espera de un milagro o, simplemente, de que se hunda del todo con ellos.