Las negociaciones en la Cumbre de Cambio Climático de Copenhague se encuentran estancadas y sin visos de llegar a un acuerdo, mientras en el exterior arrecian las manifestaciones.
Las negociaciones en la Cumbre de Cambio Climático de Copenhague se encuentran estancadas y sin visos de llegar a un acuerdo, mientras en el exterior arrecian las manifestaciones de sindicatos, ONGs y activistas que protestan por la decisión de restringir drásticamente el acceso a la cumbre.
A todo ello hay que sumar el caos organizativo de una reunión que parece habérsele quedado grande desde el principio tanto a la ONU -que emitió hasta 46.000 invitaciones para un recinto con capacidad para 15.000 personas- como a la propia ciudad de Copenhague, con fallos claros de seguridad y organización que obligaron ayer a dimitir a la presidente de la conferencia, la danesa Connie Hadegaard, aunque su marcha tratara de disfrazarse por cuestiones de protocolo. Su puesto lo ha asumido el primer ministro danés en persona.
El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, hizo este miércoles un llamamiento a todas las partes para que dejen a un lado sus propios intereses e impidan el fracaso de esta cumbre, que pasa por ser la más grande jamás celebrada con cerca de 50.000 asistentes registrados, incluyendo delegaciones de 192 países de todo el mundo, periodistas y ONGs. Ahora mismo la situación parece no obstante bastante complicada dado que hay -al menos- dos borradores de trabajo para un nuevo acuerdo, uno que incluye la financiación a los países pobres para luchar contra la consecuencias del cambio climático (pero sólo hasta 2012) y sobre el que se siguen discutiendo las cifras, y otro que habla de las reducciones en las emisiones de CO2 de aquí al año 2050.
La presidencia danesa de la cumbre introdujo ayer además un tercer borrador para tratar de lograr un consenso general, complicando aún más las negociaciones, que se han transformado claramente en una lucha entre los países industrializados y en desarrollo, encabezados por China e incluyendo a las naciones africanas y los países integrados en el llamado G-77 (que en realidad agrupa a 130 países, incluyendo África, Sudamérica y casi toda Asia).
En medio de todo esto la policía antidisturbios rodeó el centro de congresos y cerró todos los accesos ante la amenaza de un grupo ecologista de entrar por la fuerza al reciento. Los agentes se han empleado con dureza estos días contra los miles de manifestantes que cada día protestan ante el lugar, y ha habido más de 1.300 detenidos.
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Editado y revisado por:

✅ Pablo Gómez
Pablo Gómez es especialista en Turquía y editor jefe de Hispanatolia desde 2011. Desde 2006 se dedica al análisis de la actualidad y la geopolítica de Turquía y su región.
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