Cuatro muertos, tres de ellos niños, por la caída de varios cohetes sirios en Turquía

Los ataques causaron el pánico entre la población de Kilis, que la semana pasada ya sufrió tres días de caída de cohetes, mientras algunas fuentes aseguran que el ejército turco estaría preparando una gran ofensiva contra el Daesh.

Hasta cinco cohetes Katyusha lanzados desde territorio sirio dejaron el lunes cuatro fallecidos –tres de ellos niños- en la ciudad fronteriza de Kilis, al sureste de Turquía, desatando de nuevo el pánico entre la población local en el último incidente de este tipo que sufre esta localidad situada a sólo seis kilómetros de la frontera con Siria, en una zona actualmente bajo control del grupo terrorista Daesh.

El primero de los cohetes caía en torno a las 14:45 del mediodía (13:45 CET) e impactaba contra un depósito de oxígeno de un hospital local, obligando a intervenir a los bomberos por el riesgo de que se hubiera producido una fuga del gas. El segundo proyectil fue disparado desde territorio sirio aproximadamente diez minutos más tarde, y cayó en un campo de olivos aunque afortunadamente sin producir heridos.

Otros dos cohetes lanzados desde el otro lado de la frontera caían en un descampado muy cerca de una escuela de primaria situada en el barrio de Yavuz Sultan Selim, a las afueras de la ciudad; en esta ocasión un pastor sirio de 53 años de edad resultó herido en la explosión –que mató además a una decena de ovejas- y falleció posteriormente en el hospital público de Kilis. Otro estudiante turco de 14 años fue herido igualmente, aunque la tragedia pudo haber sido mucho mayor ya que en el momento de la explosión se estaban impartiendo clases en el colegio, que fue rápidamente evacuado.

El quinto y último cohete lanzado desde la región siria de Al-Bab bajo control de Daesh fue a impactar aproximadamente una hora más tarde del primero contra el tejado de un edificio de dos plantas situado en el barrio de Hakverdi, en el centro de Kilis, provocando daños graves a una vivienda ocupada por refugiados sirios: tres de ellos murieron en el acto, mientras que otros cinco resultaron heridos.

En declaraciones a la prensa mientras se encontraban en el hospital público de la ciudad visitando a los heridos, el gobernador de Kilis informó que los tres fallecidos en la vivienda eran niños, mientras que entre los otros cinco heridos –todos ellos ciudadanos sirios- había uno que se encontraba en estado crítico.

También el lunes, proyectiles de artillería lanzados desde territorio sirios impactaron en un campo de cultivo del distrito fronterizo de Yayladağı, al sur de la provincia mediterránea de Hatay, aunque en esta ocasión sin producir heridos. Medios locales informaron que en esta ocasión los proyectiles procedían de una zona bajo control de las fuerzas del régimen de Bashar al-Assad.

Tanto en el caso de Kilis como en el de Hatay el ejército turco respondió a los lanzamientos bombardeando intensamente con artillería las posiciones desde las que habían sido efectuados los ataques. Según datos proporcionados por el Ministerio de Defensa de Turquía, en lo que va de año el ejército turco ha matado al menos a 362 militantes del Daesh y herido a otros 123, sólo en bombardeos de represalia con artillería en respuesta a la caída de proyectiles sobre territorio turco.

La situación es no obstante tensa en Kilis, donde la semana pasada cohetes Katyusha lanzados desde el otro lado de la frontera cayeron durante tres días seguidos, matando a dos personas e hiriendo a más de una decena, y desatando una protesta ante la sede del gobernador exigiendo más seguridad.

Precisamente el miércoles pasado el primer ministro Ahmet Davutoğlu aseguraba que los autores de los ataques pagarían las consecuencias y que el gobierno tomaría “todas las medidas necesarias” para proteger a sus ciudadanos; aunque Davutoğlu no ofreció entonces más detalles, medios como el diario pro gubernamental Sabah indicaron que el ejército turco estaría preparando una campaña de bombardeos masivos contra las posiciones del Daesh en las regiones sirias de Al-Rai y Al-Bab, identificadas con la ayuda de información de inteligencia de “fuentes locales”, cuyo fin último sería expulsar a los militantes del grupo extremista de las proximidades de la frontera turca.